Pequeña reflexión sobre el 17 de mayo: conmemoración lucha contra la Homofobia, Bifobia y Transfobia

Somos a quienes nos toca comenzar a entender el mundo por medio del miedo, el rechazo, los chiflidos, los señalamientos, los insultos, el silencio y la soledad. No crecemos como los demás niños y niñas, muchas y muchos de nosotros y nosotras, nos volvemos actores y actrices de lo que la sociedad, nuestras familias y cercanos quieren ver, esto mientras por dentro estamos enredados y enredadas en un complejo mar de preguntas, donde las olas de inseguridades nos ahogan y la oscuridad de la culpa nos tortura.

Nos toca caminar doble, triple o más, en general, nuestros pasos siempre son más largos y más pesados. Pues al caminar nuestras vidas, tenemos que comenzar a reconocernos desde un sentir que por lo general no encontramos como ejemplo en nuestros padres o nuestras madres. Nos vemos obligados y obligadas a buscarnos en otros ejemplos de vida más allá de lo que la vida nos presenta a la primera. Explorar nuestros cuerpos implica pasar por el reto de reconocer que no somos anormales, de entender que lo que sentimos nos pertenece y no esta mal sentirlo; sin embargo, el llegar a ello implica muchas noches de lagrimas, demasiado silencio en las reuniones familiares y frustraciones en nuestras cotidianidades.

Cuando por fin logramos entender lo que somos, y tenemos las fuerzas suficientes para enfrentarnos al mundo que tanto miedo nos brindó, lo hacemos con una fuerza que no tiene comparación alguna, rompemos con las barreras de nuestras infancias y nos arriesgamos a perderlo todo por ganar nuestras vidas. Y a partir de esto, nos dedicamos a construirnos como queremos, como realmente siempre hemos sido. Pero, desahogarnos con nuestro destino, no significa que ya todo esta ganado, porque aún nos seguimos enfrentando a lo que antes nos enfrentábamos, solo que ahora lo hacemos con la confianza de saber que no estábamos mal.

No todo está ganado aún, pues muchas y muchos seguimos sufriendo cuando salimos a la calle, no nos hablamos con seres queridos porque nos rechazaron o seguimos ocultos y ocultas. Somos la generación que heredamos los frutos de la lucha de quienes murieron por lograr que no nos consideraran enfermos y enfermas; sin embargo, está en nuestras manos seguir deconstruyendo mitos y prejuicios sobre lo que somos. El día que un niño, niña o joven no se vea violentado por sus compañeros de clase, profesores, familiares y cercanos por el hecho de ser homosexual, bisexual y trans, ese día sentiremos que nuestra tarea está hecha, por el contrario, cada día que vivos representa el reto de hacer real lo que se logro el 17 de mayo de 1990. Nuestro verdadero compromiso, en pro de una vida digna, está con quienes aún no han nacido y con quienes viven sus infancias y juventudes.

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