Diálogos para una construcción de paz territorial en el contexto colombiano

“La comunidad no es, se hace. Cada día, a través del hacer colectivo de varones y mujeres, niñas, niños y ancianos, quienes al trabajar re-unidos hacen comunidad, hacen lo común. Reducir la comunidad a institución, hecha de una vez para siempre, instituida, oculta que los trabajos colectivos son los que le dan vida, sentido, forma y fondo al hecho comunal. Optamos, entonces, por decir hacer comunidad en vez de ser comunidad”.

Raúl Zibechi, 2019.

Nota: Este documento fue construido y empleado en el proceso de escritura del Marco teórico y los Lineamientos de la Política Pública de Cultura del Municipio de Manizales, Caldas.

La construcción de paz territorial en Colombia acercamientos a un concepto polisémico

Hablar de paz en Colombia implica reconocer que esta es importante en el contexto nacional de acuerdo a los conflictos que se han gestado de manera histórica, en especial el conflicto armado que tiene connotaciones político-económicas de suma importancia marcando la historia y la construcción socio-cultural de los colombianos. La paz en Colombia es importante en la medida que permite cuestionar la posibilidad de una nación distinta, de pensar una generación con posibilidades diferentes a los agravios que hereda los campos de batalla y en síntesis de iniciar un proceso de transformación que pase de una cultura de la violencia a una cultura de la paz, para lo cual es necesario asumir a la categoría de paz como una responsabilidad política, donde se pone en juego las manifestaciones del poder y las formas como se toman las decisiones de cara a las necesidades vitales del presente y del futuro, considerando la memorias del ayer.

Reflexionar y actuar asumiendo la construcción de paz, implica la comprensión de esta como un compromiso histórico. La paz es una construcción social que surge a partir de las expresiones humanas más violentas, la cual ha mutado a través de la historia adquiriendo una esencia polisémica, es por ello que es necesario delimitar a qué tipo de paz se hace referencia y desde que tendencia, posturas políticas y orientaciones de acción se va asumir. En este sentido, se plantea poner a conversar dos visiones de paz, una desde el enfoque liberal y la otra desde el enfoque socio-critico.

La paz liberal, como aquella paz, que centra su interés en la institucionalidad y la visibilización de la estructura como determinante a la hora de hacer alusión a la construcción de paz como ausencia de guerra, pero que al tener una visión institucional suele dejar por fuera las necesidades de los territorios. La paz desde la postura socio-critica, propone una acción y reflexión desde los territorios y con las poblaciones que allí interactúan, es decir plantea una forma horizontal de construir la paz.

Para entrar en el dialogo, es necesario enunciar algunas formas de entender la paz, en especial su construcción, esto desde la visión tríadica que proponen: Johan Galtung con la paz directa, estructural y cultural; y, Angélica Rettberg con la visión de construcción de paz maximalista, minimalista e intermedia.

En este sentido, se puede entender a la paz como un conjunto de anhelos de carácter social, político, cultural, económico y ambiental, que emanan de conflictos, donde existen escenarios de violencia que se dan en procesos, dinámicas y estructuras sociales. Dichos anhelos están relacionados con la transformación estructural de la violencia por medio de la resolución creativa de los conflictos, donde el proceso de transformación se da a partir de un conjunto de decisiones colectivas que dotan a la paz de carácter político.

La paz es una posibilidad de reflexión territorial de cara a las acciones y expresiones vitales en un lugar determinado, donde se configuran necesidades que al ser resueltas posibilitan la vida y con ello el cumplimiento de los derechos humanos y naturales en lógicas de justicia y equidad social. Sin embargo, es válido aclarar que la paz es una creación humana que principalmente busca explicar y dar prioridad a acciones que posibiliten un bienestar; sin embargo, esto no implica la negación de las demás expresiones de vida, que también entran en las lógicas de una construcción de paz.

Se propone una explicación de la paz a partir del triángulo de las violencias propuesto por Johan Galtung, el cual se compone por: la violencia directa, que hace alusión a aquellas acciones que afectan de manera física y subjetiva, como golpes, insultos, tortura, bullying, etc.; b) violencia estructural, es una dominación que funciona en las estructuras y las instituciones de la sociedad, que se manifiestan en la coaptación de la conciencia, reflexión y acción de las personas negándoles la posibilidad de acceso a la justicia, dignidad, equidad y libertad, un ejemplo es la pobreza. Este tipo de violencia tiene una relación cercana con los sistemas políticos y económicos; y, la violencia cultural, que en palabras de Galtung es (…) cualquier aspecto de una cultura que pueda ser utilizada para legitimar la violencia en su forma directa o estructural. (pág. 147); es decir aquellos aspectos simbólicos como el lenguaje, el arte u otra expresión que se materializa en una ideología o religión.

En la manera como cada violencia opera y afecta las dinámicas, procesos y estructuras sociales, debe existir una lógica de paz que posibilite pensar y actuar de manera tal que se nieguen dichas expresiones de violencia, es entonces, donde Johan Galtung propone otro triangulo, pero de tres tipos de paz, siendo estas: la paz directa, la paz estructural y la paz cultural. El autor, ya mencionado, va decir que la:

“(…) paz cultural engendre la paz estructural, lo que se traduce en relaciones simbióticas, equitativas entre los diversos socios; y la paz directa se manifieste en actos de cooperación, amistad y amor. Podríamos estar ante un triángulo virtuoso en lugar de vicioso, que, además, se auto-refuerce.”

Johan Galtung, S.f, pág. 168.

El aporte de la concepción de paz de Johan Galtung permite entender la categoría de paz como una construcción compleja resultado de las dinámicas sociales que el ser humano ha gestado y que esta no está ajena a las vivencias cotidianas, instituciones y construcciones simbólicas. Al tener en cuenta lo anterior, vale preguntarse lo siguiente ¿A qué tipo de paz se hace referencia cuando se habla de una construcción de paz en Colombia, a una paz directa, estructural y/o cultural? Para comenzar a dialogar en torno a esta pregunta, es pertinente referenciar a la politóloga Angélica Rettberg, la cual va decir que la construcción de paz es un proceso contextualizado; es decir, que parte desde el reconocimiento de las dinámicas particulares de los territorios donde se pretende iniciar un proceso de instaurar la paz como estrategia para transformar los conflictos y lo que implican en muchas ocasiones dichos conflictos, como por ejemplo los escenarios de violencias. La autora, va expresar entonces que, en un contexto como Colombia, se habla de una construcción de paz que implica:

“(…) actividades que van desde desarmar a ex combatientes, destruir armas y remover minas antipersonales, hasta repatriar refugiados, monitorear elecciones, proteger el medio ambiente, avanzar en la protección de los derechos humanos, reformar y fortalecer las instituciones gubernamentales y judiciales, apoyar la reconciliación de la sociedad y promover procesos formales e informales de participación política.”

Angélica Rettberg, 2003, pág. 16.

Lo que plantea Angelika Rettberg de la construcción de paz, tiene una total relación con las tres paces que propone Johan Galtung, esto de tal manera que, la paz directa implica el desarme, la paz estructural la protección de los derechos y la participación ciudadana y, la paz cultural los procesos de reconciliación. Aunado a esto, esta politóloga, propone tres visiones de entender los procesos de construcción de paz en momentos de resolución de conflictos, los cuales son: visión maximalista, visión minimalista y visión intermedia.

La visión maximalista, resalta que la construcción de la paz debe ser un proceso que facilite entender que la paz solo es posible si existe la justicia social y con ello la equidad, lo cual resume en bienestar para todos los habitantes de un determinado territorio, para esto es necesario actuar desde una postura trasformadora en las estructuras institucionales y sistémicas, esto porque estas determinan las lógicas en las que el territorio se configura; en este sentido, la autora va decir que es necesario una “remoción de secuelas del conflicto y reformas institucionales y estructurales de fondo (incluyendo reformas del Estado y del sistema económico).” (2003, pág. 19). Para esta visión, Angelika Rettberg, resalta que el proceso de construcción de paz es a largo aliento.

La visión minimalista, apuesta por un cese de las hostilidades; es decir, por una ausencia de acciones directas transgresoras de la integridad humana y en general de la vida y, la asunción de medidas para evitar el conflicto, esta visión a diferencia de la anterior, que propone una re- estructuración, plantea un ejercicio de prevención. Esto porque según la autora, esta construcción de paz está direccionada a la “reparación de secuelas directas del conflicto (reconstrucción de infraestructura, retorno de refugiados, remoción de minas) y eliminación de incentivos para la continuación del conflicto (control de minas de diamantes, tráfico de narcóticos).” (2003, pág. 19). El tiempo de construcción de paz en esta visión es a corto plazo, ya que son acciones concretas respecto a necesidades directas.

La visión intermedia, es la unión de la visión maximalista y minimalista, donde se propone un cese de las hostilidades con una reestructuración estratégica de las lógicas sociales y económicas. De este tipo de construcción de paz, Angelika Rettberg, va decir que es necesario realizar acciones de “reparación de secuelas del conflicto y reformas estructurales “estratégicas” (sistema electoral, administración de justicia, buen gobierno y mecanismos de resolución pacífica de disputas) para “nutrir” la paz.” (2003, pág. 19). Este proceso de construcción de paz, va mencionar la autora, que se da en mediano plazo, es decir sobre la marcha.

Las anteriores visiones que platea Angelika Rettberg, contemplan una forma de entender la construcción de paz en el contexto colombiano, en esa lógica y en la que plantea Johan Galtung sobre las tres concepciones de paz, es importante proyectar que para Colombia es necesario reflexionar desde una intercepción de las tres paces de Galtung y la denominada construcción de paz intermedia de Rettberg, esto, porque permite entender que la paz es un conjunto de acciones y reflexiones encaminadas a la dignificación de la vida, las dinámicas de poder y construcción simbólica de la realidad, y en esta medida, la construcción de paz implica no sólo contrarrestar la violencia directa sino contemplar la re-construcción de las lógicas establecidas de cómo se debe direccionar la vida. Dicho brevemente, la construcción de paz en Colombia, implica entender que esta es un proceso político de cuestionamiento constante a las lógicas de opresión que se manifiestan en diferentes tipos de violencias.

Al tener claro los conceptos de paz y construcción de paz, es necesario aclarar a qué se hace referencia cuando se habla de lo territorial en la construcción de paz; es decir, es necesario hablar de la territorialidad y porqué esta es tan importante en la construcción de paz, es por ello, que se traen al dialogo a Gustavo Montañez Gómez y Ovidio Delgado Mahecha, los cuales plantean que:

“La territorialidad (…) se refiere al “conjunto de prácticas y sus expresiones materiales y simbólicas capaces de garantizar la apropiación y permanencia de un determinado territorio por un determinado agente social, o Estado, los diferentes grupos sociales y las empresas” (Lobato Correa, 1996: 252, en traducción). La territorialidad se asocia con apropiación y ésta con identidad y afectividad espacial, que se combinan definiendo territorios apropiados de derecho, de hecho y afectivamente. La superficie de la Tierra está recubierta de territorios que se sobreponen o se complementan, derivando en diversas formas de percepción, valoración y apropiación, es decir, de territorialidades que se manifiestan cambiantes y conflictivas. Las lealtades al territorio nacen del grado de territorialidad, y en un mismo espacio se pueden yuxtaponer varias lealtades a distintos actores territoriales.”

Gustavo Montañez Gómez y Ovidio Delgado Mahecha, 1998, pág. 124.

De esta manera, puede entenderse como paz territorial, al conjunto de acciones y reflexiones encaminadas a la dignificación de la vida, las dinámicas de poder y construcción simbólica de la realidad, direccionados a la transformación estructural de la violencia por medio de la resolución creativa de los conflictos, donde el proceso de transformación se da a partir de decisiones colectivas entre las personas que interactúan en un territorio, en el que han construido afectividades, apuestas políticas e identidades.

Sin embargo, la paz territorial en Colombia ha contado con dos enfoques, uno institucional y otro comunitario. El enfoque comunitario, se ha configurado como la respuesta inmediata de las comunidades en resolver sus propias problemáticas, distanciándose o estableciendo alianzas estratégicas con el gobierno, esto con la intención de realmente construir paz en sus territorios de acuerdo a sus construcciones socio-culturales.

El enfoque institucional, por el contrario, ha orientado la paz territorial en un intento de descentralizar la construcción de paz; no obstante, no ha resuelto de manera eficiente las necesidades de las poblaciones, esto porque las lógicas en las cuales se dan los procesos de construcción de paz obedecen a las dinámicas políticas y económicas gubernamentales, lo que significa que está supeditada a las jerarquías en las cuales se organiza y estructura las instituciones del gobierno, lo que genera que la mayoría de las poblaciones no confíen en los procesos que desde allí se emprenden, ya que históricamente estas instituciones han incumplido o utilizado a las poblaciones como respuestas a indicadores y no han concertado lecturas de realidad que realmente permitan cuestionar y solucionar los problemas que les aqueja.

Un caso ejemplo, de los dos tipos de enfoques de paz territorial anteriormente enunciados, se evidencia en el proceso de paz entre el gobierno colombiano y las Farc antes, durante y después del acuerdo final firmado en el teatro colon en el año 2016, el cual fue respaldado por los movimientos, acciones colectivas, académicas y comunitarias que han estado en desacuerdo con el conflicto armado colombiano.

Antes del acuerdo; es decir, en los 50 años de enfrentamientos armados y de disputas políticas, fue visible dos formas diferentes de entender la construcción del territorio y en este la construcción de la paz, Los movimientos sociales y diferentes acciones ciudadanas y políticas, demostraron desde sus inicios la defensa por una democratización de las tierras y el reconocimiento de los derechos de los pueblos históricamente marginados en el país como indígenas, afro y campesinos.

En cuanto al gobierno siempre planteó su lógica distributiva de la tierra basados en los principios de la igualdad y la construcción de paz desde la negación de sus ausencias en los territorios y fundamentada en la guerra; Durante el proceso de paz realizado en la Habana Cuba, tanto el gobierno como los procesos colectivos comunitarios, académicos, movimientos sociales y políticos demostraron que sus posturas diferían en las formas como debían participar los colombianos en la construcción de la paz. El gobierno poco interés mostró en la construcción de mesas de trabajo sectoriales, a diferencia de las acciones colectivas y comunitarias que se aventuraron en a liderar diagnósticos participativos con víctimas, mujeres, jóvenes y comunidades étnicas. Después de firmado el acuerdo, y en pleno proceso de implementación, es donde se ha hecho notable la disonancia entre qué entiende cada actor sobre una construcción de paz territorial, en relación a esto, se asume que:

“(…) la paz territorial que este acuerdo pretendía construir ha tenido que enfrentar retos de gran envergadura como el asesinato sistemático de líderes sociales, el fortaleci-miento de organizaciones armadas como el Ejército de Libe-ración Nacional (ELN) y el Clan del Golfo, y la aparición de nuevos grupos violentos como los Caparrapos en el sur de Córdoba, probablemente financiados por carteles mexicanos. Así mismo, en dos de las cuatro subregiones priorizadas pa-ra la puesta en marcha de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) hay presencia activa de actores armados además de infracciones al Derecho Internacional Humanitario (DIH) y rentas ilegales.”

Trejos Rosero, Badillo Sarmiento y Irreño Quijano, 2019, pág. 10.

A partir de lo anterior, es necesario detallar sobre la definición de la paz territorial del gobierno y la que se contempla en los Acuerdos de Paz firmados en el Teatro Colon, esto porque, da cuenta de la forma como se está tratando en la actualidad el tema en Colombia, el cual esta intrínsecamente relacionado con lo acontecido en el proceso de dialogo y firma del acuerdo de paz.

La paz territorial que enuncia el gobierno colombiano, parte por entenderla como una preocupación por los derechos y el territorio, donde los derechos se asumen como un conjunto de garantías basadas en la igualdad, los cuales nacen desde las instituciones, que deben posibilitar la convivencia y la cooperación, así como también bienes públicos y privados que abran camino a la respuesta de las demandas de las poblaciones.

La paz territorial, desde la visión del gobierno es entendida como una integración territorial que implica una construcción conjunta, entre el gobierno y las comunidades, de instituciones territoriales, las cuales son posibles construir solo si los colombianos son conscientes de sus derechos. Esto desde un enfoque de derechos territorial, que son entendidos como movilizaciones de la población hacia la paz, entendiendo a la paz como una decisión, refuerzo de las normas y una posibilidad de cambio que es posible solo por medio de la democracia, y que es así misma momentánea, de esta manera lo enuncia Jaramillo (2014) al decir que se entiende a “(…) la construcción de la paz como un ejercicio para reforzar normas y hacer valer derechos (…) (pág. 6) y que “(…) la paz es una decisión. Una decisión por el futuro y en contra del pasado. Se necesita que la gente en las ciudades y en las regiones se mire al espejo y diga: prefiero la paz.” (pág. 8).

En cuanto a la concepción de paz territorial planteada en el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, se plantea que el:

“(…) enfoque territorial del Acuerdo supone reconocer y tener en cuenta las necesidades, características y particularidades económicas, culturales y sociales de los territorios y las comunidades, garantizando la sostenibilidad socio-ambiental; y procurar implementar las diferentes medidas de manera integral y coordinada, con la participación activa de la ciudadanía.”

Acuerdo de paz, 2017, pág. 6.

“El enfoque territorial, diferencial y de género que implica reconocer y tener en cuenta las necesidades, características y particularidades económicas, culturales y sociales de los territorios, de las mujeres en todo su ciclo vital, de las comunidades rurales y de grupos en condiciones de vulnerabilidad, garantizando la sostenibilidad socio-ambiental.”

Acuerdo de paz, 2017, pág. 11.

Finalmente, la construcción de paz territorial en Colombia, es una apuesta política que requiere ser entendida así misma como compleja y de esta manera como construcción múltiple, que implica entender que la construcción de paz en el territorio no sólo significa nutrir las lógicas institucionales y garantizar la igualdad, sino que contempla, poder garantizar la dignificación de las vidas, lo cual conlleva descentralizar el discurso y la acción de la paz; es decir, llegar a las zonas históricamente olvidadas y, entender sus lógicas vitales, sus construcciones simbólicas y las lecturas de sus necesidades. La paz territorial, no es realmente territorial solo con el hecho de enunciarla en un determinado lugar, la paz será territorial si se asume al territorio como construcción colectiva y de esta manera como presente, herencia e historia.

Hacia una paz territorial desde y para las comunidades

Construir paz desde y para los territorios implica aceptar que las comunidades son actores claves de transformación. El enfoque de construcción territorial de la paz, debe ser entendido como la posibilidad de hacer de las narrativas diversas de las formas múltiples de la humanidad colombiana, una oportunidad de construir una paz popular que se nutra de las configuraciones culturales que tienen origen en los territorios y, que desde allí sea posible responder a las demandas de justicia, equidad y dignidad social. Para esto es necesario pensar estrategias que den representación a las comunidades, para ello se propone reflexionar alrededor de la memoria, la educación, la paz cultural y cartografía social.

La memoria, como la relación con el pasado, el presente y el futuro que permite la reflexión crítica de la historia. Es un derecho cultural, así como también una necesidad. La memoria, es una aliada estratégica en la construcción de paz territorial, porque posibilita un ir constante al surgimiento de la identidad, el dolor, la reflexión e indignación, lo cual es importante, al entender que la paz es un proceso que se gesta a partir de indignaciones que dan paso a las reflexiones y acciones del presente, con la memoria en el hoy es posible aprender del ayer para transmitir el mañana de manera tal que la paz sea heredada y no muera en el tiempo.

Educar para la paz territorial, implica una descentralización del conocimiento y el reconocimiento de los saberes comunitarios; es decir, educar desde la paz territorial, es en realidad una educación colectiva, horizontal y constante, que no se da desde la estructuración de planes curriculares, sino, desde la cotidianidad de las dinámicas sociales. Para esto, es importante entender que las comunidades son portadoras de saberes, y que son estos saberes los que deben trazar los análisis territoriales.

Hablar de Paz cultural, es hacer alusión a un proceso de transformación del lenguaje, el arte, la ciencia empírica y la ciencia formal, entre otras prácticas y formas de entender el mundo, que han sido empleadas para la eliminación de la vida. Es decir, que la cultura de paz es un proceso que no se logra de la noche a la mañana, es un proceso lento pero necesario si realmente se busca lograr escenarios de paz que den paso al dialogo y a la construcción colectiva. La cultura de paz se nutre desde la memoria, las cartografías, la educación y demás prácticas para la paz, es en ultimas un conjunto de acciones y reflexiones que posibilitan el camino a una transformación.

La cartografía social es una metodología que permite un dialogo a través de la gráfica de la identidad y las lecturas de un determinado territorio por parte de las personas que interactúan en él. Este tipo de cartografía, permite el encuentro de lo común, entendiendo lo común como lo expone Raúl Zibechi, al decir que:

“Lo común son los vínculos que construimos para seguir siendo, para hacer que la vida siga siendo vida; vínculos que no pueden ser acotados ni a institución ni a cosas (agua, tierra, natura). En este sen-tido, los llamados «bienes comunes» no son objetos, entes separados de las personas, sino esos lazos (comunes, comunitarios) que hacen posible que, por así decir, agua y tierra sigan siendo en beneficio del común/comunitario. Los «bienes comunes» son lo que hacemos para que sigan siendo bienes de uso del común.”

Raúl Zibechi, 2019, pág. 59.

La paz se construye desde las identidades y los vínculos, y cuando se habla de paz territorial, estos son fundamentales, porque trazan líneas de comprensión de las realidades comunitarias, así como de sus procesos organizativos y las maneras de resolver sus conflictividades. Es por ello, que la cartografía social, más allá de representar lo metodológico de un encuentro, es un canal de dialogo de saberes en la construcción de paz territorial.

En definitiva, hablar de una paz territorial conlleva pensar en perspectiva de transformación desde y con las personas que habitan los territorios, desde una visión colectiva, horizontal, popular, participativa y dignificante. Construir paz territorial, tiene que ser sinónimo de verdaderos escenarios de participación ciudadana.

Bibliografía

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Galtung, J. (s.f.). La violencia: cultural, estructural y directa. Recuperado el junio de 2019

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Jaramillo, J. (2015). Ciencias sociales, construcción de paz y memorias transformadoras en Colombia.

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Montañez Gómez, G., & Delgado Maecha, O. (1998). Espacio, territorio y región: conceptos básicos para un proyecto nacional. Cuadernos de geografía, 120-134.

Trejos Rosero, L., Badillo Sarmiento, R., & Irreño Quijano, Y. (2019). El caribe colombiano: entre la construcción de paz y la persistencia del conflicto. Jurídicas CUC, 15(1), 9-46. Recuperado el junio de 2019, de https://revistascientificas.cuc.edu.co/juridicascuc/article/view/2299/2067 Zibechi, R. (2019). Los trabajos colectivos como bienes comunes material-simbólicos. En E. A. Comunitarios, Producir lo común: Entramados comunitarios y luchas por la vida (págs. 59-77). Madrid: Traficantes de sueños.

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