10 consejos para hacer de tu paso por la Universidad una experiencia enriquecedora.

Entrar a la Universidad es un gran logro para muchos y muchas, ya que significa un primer paso en el proyecto de vida, y sin duda alguna, el más importante. Sin embargo, como toda primer experiencia, puede generar nervios e incertidumbre. Es por ello, que aquí te comparto 10 consejos a tener en cuenta para que tu paso por la Universidad sea bien aprovechado:

1. No te quedes solo con lo que los profesores(as) te enseñan en las clases. Indaga más sobre los temas vistos, el tiempo en las aulas es limitado, lo cual hace que estos solo se impartan hasta un punto.

2. No cargues con personas que son vagas. No acolitar la mediocridad académica y profesional, hace parte del compromiso ético y político para con la sociedad.

3. Pregunta, pregunta y vuelve a preguntar. No te guardes nada, pero eso sí, antes de dar a conocer tus dudas meditalas y formulalas bien, de manera que estas posibiliten el aprendizaje para tus compañeros(as) y docentes

4. Participa en semilleros de investigación y/o grupos de estudio. Dado que permiten enriquecer tus conocimientos y experiencia en relación a temas específicos.

5. Vuelve a las bibliotecas de la Universidad y ciudad tus mejores aliadas. Los libros, tesis, revistas, etc., siempre serán de gran ayuda para el o la estudiante.

6. Organiza bien tu tiempo. Es muy importante definir bien los momentos de estudio y descanso, pues todo en exceso es malo. (Hacer bien esto, es toda una odisea, pero necesario).

7. Trata de mantener un promedio general igual o superior a 4.0. Esto porque un buen promedio te dará mayores posibilidades al momento de presentarte a una beca, intercambio o algún otro beneficio. (Algunas entidades piden que éste sea igual o superior a 3.8, pero, es mejor tenerlo más alto en caso de dificultades académicas que se puedan vivir).

8. Participa, en lo posible, de los eventos académicos que se organicen sobre tu carrera. En estos espacios se actualiza el conocimiento y se conocen mejor las posturas de expertos sobre temas de importancia, además, se suelen distinguir a otras personas, semilleros y/o grupos de investigación.

9. Escribe tus mejores ideas. Mantener una libreta en la cual se anoten ideas es un truco efectivo, pues dichas ideas suelen ser de gran ayuda al momento de iniciar un proyecto siendo estudiante o egresado.

10. Participa en las asambleas y paros que se den durante tu estancia en la Universidad. En estos escenarios se discuten temas de gran importancia sobre tu alma mater o de carácter nacional.

Finalmente, recuerda que estudiar un pregrado, es distinguir grandes fundamentos que te posibilitan leer e intervenir en el mundo desde otra perspectiva, pero, el verdadero conocimiento se adquiere a través de la práctica y la reflexión constante en la vida misma. 

Callar no es una opción, Trabajadora Social Cristina Bautista Taquinás.

“Si nos quedamos callados nos matan y si hablamos también, entonces hablamos”

Cristina Bautista Taquinás.

El Trabajo Social colombiano se viste de luto ante la trágica e injusta muerte de la colega, lideresa comunal e indígena Cristina Bautista Taquinás. Quien fue asesinada el día 29 de octubre en el resguardo de Tacueyó, del departamento del Cauca, por disidencias de las Farc mientras ejercía su labor como Gobernadora Indígena, donde también fueron asesinados otras cuatro autoridades indígenas y heridos cinco miembros de la guardia indígena que acompañaban a la lideresa.

Cristina, oriunda del corregimiento de Tacueyó, tenía 42 años y era Trabajadora Social egresada de la Escuela de Desarrollo Humano de la Universidad del Valle, durante el año 2017 fue becaria en el “Programa de Formación en Derechos Humanos para Pueblos Indígenas de América Latina (PFDHPI-AL), realizado en colaboración por la Universidad de Deusto y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y financiado por la AVCD.” (Gobierno Vasco, 2019). Reconocida por su familia, colegas y compañeros de lucha por su constante liderazgo en defensa de los derechos humanos y  la paz.

El asesinato de Cristina y de sus compañeros, representa un acto de violencia contra todos los pueblos indígenas del país, que durante años han sufrido de persecución política y cultural por su trabajo en defensa de los derechos humanos y ambientales. Pues, son los pueblos indígenas del Cauca y de otras partes del territorio nacional, quienes han liderado gran parte de la defensa de la naturaleza y de la vida en general, sus luchas se han direccionado en contra de las multinacionales y las mercantilizadas decisiones del gobierno en su afán de extraer recursos en pro de satisfacer el hambre voraz de la economía neoliberal. En relación a esto el CRIC mencionó:

 “Nos están asesinando a los líderes sociales y a nuestros pueblos colectivos, por defender la vida y los territorios, vienen atormentando la vida a nuestras familias, nuestras viviendas y escuelas. Somos comunidades indígenas, negros y campesinos y a quienes nos están destruyendo los ríos, la naturaleza. Están destruyendo el sistema alimentario de todos los colombianos eso es una realidad. Están acabando a los defensores de la Tierra, a la madre Tierra.”

CRIC, 2019.

La injusta muerte de Cristina, representa también un duro golpe al proceso de construcción de paz en el territorio, esto porque ella era una de las lideresas del Cauca que defendía la implementación de los Acuerdos de Paz firmados entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc. Este tipo de ataques al proceso de paz, donde se atenta contra la vida de quienes defienden y luchan por una Colombia libre de violencia, no son pocos ya que durante y después de la firma de los acuerdos muchos líderes y lideresas han sido asesinados en todo el país por el hecho de gestar procesos en torno a la construcción de paz en sus comunidades. En relación a esto, la Organización Indígena de Antioquia dijo:

“Recordemos que acciones como éstas se han venido recrudeciendo desde la firma del Acuerdo Final de Paz, de hecho sólo en 2018 en el norte del Cauca, fueron asesinados, por grupos armados al margen de la ley, siete personas indígenas y en lo que llevamos de la administración del Presidente Iván Duque, se registrado 123 homicidios, muertes que no sólo afectan a sus familias y sus comunidades, sino a todo el país.” ).

Organización Indígena de Antioquia, 2019.

Al conocer el hecho, profesores y profesoras de Trabajo Social de la Escuela de Desarrollo Humano de la Universidad del Valle, por medio de un comunicado, manifestaron el rechazo del asesinato de quien fue en algún momento su estudiante y así mismo el sistemático asesinato de líderes y lideresas del país, realizando un llamado al gobierno nacional a poner atento cuidado a estos actos de violencia que generan debilitamientos en el movimiento social en pro de la paz. Parte del comunicado dice:

“Hacemos un llamado al gobierno nacional, toda vez que los asesinatos a líderes y lideresas sociales han venido en aumento y reflejan una estrategia sistemática de los grupos armados en contra del movimiento y la organización social que busca la construcción de un país en paz. Resulta para nosotros(as) preocupante la evidente negligencia estatal y que la única alternativa que se plantee sea la militarización del territorio, poniendo en riesgo a la comunidad y que no se considere la voz de quienes lo habitan, lo cuidan, lo aman”.

Docentes del Desarrollo Humano de la Universidad del Valle, 2019.

La muerte de Cristina y de sus compañeros, deja un sinsabor en toda la comunidad indígena de Colombia y en general en todas aquellas personas que a diario luchan por un país en paz. Ahora, su pujanza y firmeza ante los actos injustos e inequitativos no estarán más en sus manos, su legado persistirá entre quienes la conocieron y tuvieron la fortuna de compartir su lucha. Cristina así como muchas lideresas colombianas que han sido asesinadas por defender la vida, han dejado a través de sus acciones caminos que no dejaran de ser recorridos, porque es más fuerte el anhelo de vivir en dignidad, que el miedo infundido a través de la violencia por parte de grupos criminales y el gobierno. Como lo mencionó la misma Cristina: “(…) somos más los que queremos la paz que los que quieren la guerra”.

Fuentes consultadas.

https://www.univalle.edu.co/lo-que-pasa-en-la-u/comunicado-profesores-escuela-trabajo-social

https://www.eltiempo.com/colombia/cali/somos-mas-los-queremos-la-paz-que-la-guerra-dijo-gobernadora-asesinada-en-cauca-428910

Trabajo Social y Bioética: un primer acercamiento.

“Es un deber político pensar el ejercicio profesional del Trabajo Social desde un enfoque crítico  encaminado a la construcción de alternativas de transformación social.”

Jhon Sebastian Gómez Martínez, 2017.

El presente escrito tiene como propósito encontrar sinergias entre el Trabajo Social, como profesión-disciplina de las ciencias sociales y, la Bioética, como la disciplina que desde la dimensión moral estudia las ciencias de la vida. Dado que pensar, ser y hacer Trabajo Social, implica aceptar un compromiso con la vida en sociedad, que involucra la reflexión y acción crítica ante una postura ética y política en relación a un contexto de naturaleza compleja.

Cuando se habla de Bioética en la academia, por lo general, se aborda desde el escenario de la salud debido a su génesis, ya que surge desde la práctica reflexiva de la medicina, con la intención de hacer de su ejercicio profesional una acción responsable con la vida. Es así, que la Bioética desde lo que plantea Warren (1978) citado en Franco (2009), puede entenderse como: el estudio de la conducta humana en el área de las ciencias de la vida y la salud, donde dicha conducta es examinada a la luz de los principios y valores morales, desde la posición de hombres y mujeres que practican la ciencia que interviene en los procesos vitales. De acuerdo a lo anterior, quiere decir que otros campos de acción, como es el caso de las profesiones y/o disciplinas de las ciencias sociales, pueden asumir a la Bioética como parte de sus reflexiones en la práctica, al entenderse que, desde las ciencias sociales se impacta en las formas de entender e intervenir en la vida humana y, del impacto de esta sobre la no humana.

El Trabajo Social, como profesión-disciplina que pertenece a las ciencias sociales, adquiere responsabilidad en las prácticas éticas frente a la vida, dado a su desempeño profesional desde la intervención e investigación en las dinámicas, procesos y estructuras sociales, que inciden directamente sobre diversos grupos poblacionales, tales como: familias, niñas, niños, jóvenes, mujeres, comunidades indígenas, pueblos afro, adultos mayores, población LGBTI, organizaciones sociales, comunidades campesinas, etc.; así como también, el ejercicio profesional direccionado al impacto de las dinámicas sociales humanas en las formas de vida no-humanas, como es el caso de una praxis desde la ecología política.

De esta manera, las practicas derivadas del ejercicio profesional del Trabajo Social, como una apuesta político-crítica y como un proceso de aprehendizaje, implica pensar una práctica ética que en el ejercicio de intervención e investigación sea la vida, en su máxima expresión, garante de un trato justo y con posibilidad, en el caso del ser humano, de poder reconfigurarse de acuerdo a las dinámicas sociales, económicas, políticas, culturales y emocionales, lo que implica tener iniciativa de transformación. Es decir, que ejercer el Trabajo Social, conlleva un alto grado de conciencia sobre la complejidad de la cuestión social, en relación a esto va plantear Aquin:

“Hoy la cuestión social, que constituye el campo problemático de nuestra disciplina, adquiere ribetes dramáticos, en tanto estamos  frente a procesos de profundización de las asimetrías no sólo en las posibilidades de tener, sino de ser, como quizá no se haya visto nunca en la historia de la humanidad. Nuestra utopía, no prometeica sino razonable, radica, precisamente, en estar a la altura de la exigencia de los tiempos, aportando, tanto desde el campo de la investigación como de la intervención, ideas para hacer frente a esas asimetrías desde las nociones constitutivas de nuestra profesión, que son aquellas nociones relacionadas con los derechos sociales de la ciudadanía”.

Aquin, 2004, pág.108.

El valor de reflexionar la acción del Trabajo Social desde las contribuciones de la Bioética, radica en hacer de las decisiones profesionales verdaderas y profundas reflexiones éticas, donde la protagonista sea la vida en su máxima expresión. De esta manera el compromiso social de naturaleza política adquiere un matiz distinto, porque se asume que parte del objeto del Trabajo Social no solo son las dinámicas, procesos y estructuras sociales, o el bienestar social, o los derechos humanos u otra cosa, sino, y de una forma más clara, la vida humana en su compleja y necesario construcción con todo aquello que le rodea.

Finalmente, es importante asumir los aportes de la Bioética en el ejercicio profesional del Trabajo Social, en la medida que posibilita nuevas preguntas y rutas de  reflexión, las cuales permiten cada vez hacer de las decisiones de los y las profesionales, apuestas ético-políticas por dignificar y respetar la vida.  

Bibliografía:

Aquin, N. (2004). El Trabajo Social y la identidad profesional. Revista Colombiana de Trabajo Social. N° 18. Pág. 1-156.

Franco, S. (2009). El conocimiento de la bioética como ética del cuidado: un imperativo para la formación en trabajo social. Eleuthera. Vol. 3. Pág.106-124.

 

Trabajo Social En La Construcción De Paz: Tejidos Desde La Educación Popular.

Nota: Esta publicación es producto del proceso de Sistematización de Experiencias de la práctica profesional en Trabajo Social desarrollada durante el año 2018, por Jhon Sebastian Gómez Martínez, en los procesos sociales: Carnaval por la Vida y la Paz y Servicio Social para la Paz, en el municipio de Manizales, Caldas, Colombia.

Resumen.

Este proceso de sistematización de experiencias, tuvo como eje la siguiente pregunta: ¿Cómo el proceso de intervención desarrollado desde el Trabajo Social, a partir de una metodología basada en la Educación Popular, posibilitó potenciar la Construcción de Paz con los actores sociales del proceso de práctica, que tuvo lugar durante el año 2018 en el municipio de Manizales-Caldas?

A partir de la pregunta eje, se reflexionó alrededor de tres categorías de análisis las cuales fueron: Educación Popular, Trabajo Social Crítico Latinoamericano e Iniciativas Civiles de Construcción de Paz. Esto a través de un proceso metodológico en el que se emplearon matrices que facilitaron el ejercicio hermenéutico de la propuesta teórico-práctica del proceso. Los documentos que hicieron parte del estudio fueron los siguientes: entrevistas semi-estructuradas, murales participativos, escritos reflexivos, diarios de campo, informes de gestión, cuadernos de apuntes, cartografías sociales, escrituras colectivas, audios de encuentros, fotografías y una cartilla.

Se da a conocer en los resultados que el Trabajo Social, a partir de una metodología basada en la educación popular, permite potenciar procesos de construcción de paz en compañía de los actores sociales, porque promueve el diálogo de saberes, el reconocimiento de las indignaciones como motores para la acción, clarifica la función del tejedor de paces como posibilidad de entrelazar saberes y experiencias de paz, facilita el proceso de territorializar la paz y esclarece al igual que potencia los vínculos de amistad como fortaleza de los procesos organizativos y las acciones de paz. 

La sistematización de experiencias como reconocimiento y tejido de los saberes de acción en los procesos de construcción de paz.

La sistematización de experiencias es un proceso de investigación que posibilita el reconocimiento y tejido de los saberes de acción, por medio de un acto relacional entre el Trabajador Social y los actores sociales, lo cual implica una reflexión y acción contextualizadas en una realidad determinada, así como también, la construcción de un dialogo horizontal.

En relación a lo anterior,  Cifuentes (1999) va decir que la sistematización de experiencias “puede aportar al desempeño profesional de un trabajo Social comprometido con la transformación y disminución de condiciones de inequidad, injusticia, discriminación, pobreza, que cotidianamente miramos en nuestras calles, en nuestros contextos laborales” (pág. 13). En complemento a lo planteado por Cifuentes, es importante resaltar que la sistematización de experiencias posibilita la construcción de paz, esto porque el reconocimiento y tejido de los saberes de acción dan paso al reconocimiento de experiencias de paz y de sus aprendizajes tanto metodológicos como teóricos, lo cual permite asumir dichas experiencias como posibilidad de réplica o sus aprendizajes desde una postura de potenciar lo ya existente.

Lo importante de potenciar los saberes de acción por medio de la sistematización de experiencias, es que estos saberes son “(…) conocimientos que tienen una connotación más local, serian limitados, circunscritos en el tiempo; tendrían en cuenta el lugar (…) están al servicio de las particularidades y dan una dimensión de la identidad a sus productores (…)” (Mosquera, 2006, pág. 142); es decir, que permiten rescatar, en términos de construcción de paz, las vivencias y conocimientos de la acción en lo local.

En suma, la sistematización de experiencias es un proceso de investigación, que posibilita el reconocimiento de las vivencias y aprendizajes que deja la acción y la reflexión en un territorio determinado, donde  el Trabajador Social y actores sociales dan paso a la construcción de un tejido de experiencias que permiten la visibilización de saberes de acción para potenciar los procesos existentes y futuros. 

Dos experiencias de construcción de paz en Manizales: Contextualización del proceso vivido durante el año 2018 desde el Carnaval por la Vida y la Paz y el Servicio Social para la Paz.

El Carnaval por la Vida y la Paz: la acción política desde la alegría, la indignación, la amistad y la colectividad, en algunos procesos organizativos de Manizales.

El  Carnaval por la Vida y la Paz (Carnaval), es  un proceso colectivo de construcción de paz y dignificación de la vida, donde participan múltiples organizaciones de base social y comunitaria e  instituciones de la ciudad de Manizales.

Nace en el marco de la coyuntura del proceso de Paz entre la FARC-EP y el Gobierno Colombiano, en el año 2016  después del  plebiscito para la paz  realizado el 02 de octubre, donde la mayoría de los votos fueron por el NO a la paz, lo que generó que 16 organizaciones sociales e instituciones, que apostaron por el SÍ a la paz en Manizales, en medio de indignaciones y la firme convicción de la necesidad de parar los más de 50 años de conflicto armado en Colombia, decidieran fundar el Carnaval con el objetivo de visitar y apoyar el proceso de  “reincorporación” a la vida civil de los hombres, mujeres, jóvenes, niñas y niños de las FARC que se encontraban en territorios estratégicos a nivel nacional denominados Puntos Transitorios de Normalización (PTN), siendo el PTN Silver Vidal Mora ubicado en Caracolí, Chocó, el destino del Carnaval. Las organizaciones que hicieron parte del proceso de fundación, fueron:

Comunativa, Juventud Rebelde, Nómadas, Centro de Estudios Avanzados en Niñez y Juventud, Corpoder, Fuego en el Aire, Juventud Consciente, FEU, Casa de la Cultura de Malhabar, Fundación Comunitaria Huellas de Vida, Marcha Patriótica, Corporación El Faro, Subversión Marica, SI-PAZ, Escuela Popular de Artes Rompiendo Filas y Píldora Roja.

Para el año 2018, algunas organizaciones del  Carnaval deciden iniciar un proceso de reactivación, ya que se reconoce  la potencia de construcción de paz y dignificación de la vida durante y después de la visita al PTN en el 2016 y el 2017. La idea central de este proceso de reactivación, consistía en hacer del Carnaval una apuesta de unidad de diversas organizaciones que continúen en la defensa de la paz desde una lógica de justicia social en Manizales. En este  proceso, se realizaron: 2 participaciones en procesos movilizatorios; 1 ruta popular por la vida y la paz en alianza con el Observatorio de Violencia y Paz de Manizales; 1 toma de la plaza pública; 1 evento de ciudad; y, 4 encuentros de reflexión, indignación y creación colectiva entre las organizaciones participantes.

El proceso de reactivación del Carnaval durante el año 2018, le posibilitó a las 10 organizaciones que allí participaban y, que siempre mantuvieron a Carnaval en el corazón de sus planeaciones: problematizar los procesos organizativos en pro a la construcción de paz y dignificación de la vida en Manizales; ubicarse en términos de indignación y acción colectiva en sus territorios; y, fortalecer los vínculos afectivos entre los actores que hacen parte de esas organizaciones, ya que el Carnaval permitió que estas organizaciones se entrelazaran más allá de la acción política, abriendo campo a la acción afectiva desde la amistad en las acciones populares. Las 10 organizaciones que hicieron parte del proceso de reactivación, fueron:

El Centro de Estudios Avanzados en Niñez y Juventud, Proyecto Casas de la Cultura (Casa de la Cultura de San José), CEDAT, Juventud Consciente, Juventud Rebelde, Seamos Nuestra Tierra, Fuego en el Aire, Fundación Comunitaria Huellas de Vida, Corpoder y Emergiendo.

El proceso de reactivación del Carnaval, permitió entender que fue un gran error querer darle una estructura organizacional rígida al mismo, al estilo de las viejas formas de organización social-política, esto porque la naturaleza del Carnaval es diversa y al ser diversa necesita ser libre, y bajo esta libertad es necesario eliminar la idea de que para funcionar se debe tener un solo líder o una sola definición del proceso, como ejemplo de ello, se muestra a continuación las diversas formas de enunciación del Carnaval:

“Unión de organizaciones; Combo de algunos sujetos rebeldes que necesitan juntarse y abrazarse para afrontar la vida, la paz y la alegría, para buscar liberarse y construir juntos; Escenario de convergencia social; Espacio que tiene como esencia la celebración a la vida y su reivindicación desde el lugar de las emociones. En ese sentido el Carnaval es un ejercicio de resistencia a la muerte, al silencio, al olvido; Carnaval por la vida y la paz es una apuesta de acción colectiva que busca dar respuesta por medio de la unión de diferentes colectivos y organizaciones a luchas que estén a favor de la vida y la paz; Es un lugar donde nos podemos encontrar todos, movilizarnos desde nuestras apuestas políticas, dar voz a los que han sido silenciados, luchar, resistir y soñar; Carnaval es un espacio que permite el agrupamiento de distintas luchas por las que individualmente nos sentimos indignados; El Carnaval es un momento único de trabajar en conjunto; Encuentro de ideas y acciones en contra de la cultura de guerra y violencia que nos cobija desde épocas históricas; Es juntarse para celebrar la vida; Carnaval es la expresión de las luchas colectivas que reivindican la paz desde los territorios, es el espacio donde  la indignación  se convierte en marcha, cuerpos, canción, palabras, que afirman la vida y construye poder popular.”

Palabras de participantes del Carnaval por la Vida y la Paz, 2018.

El Carnaval, durante el proceso de reactivación, demostró en sus pocas pero no desapercibidas apariciones, a algunos actores de los barrios y lugares de Manizales, que los procesos de construcción de paz  se forjan a partir de indignaciones que responden a luchas que no van separadas, de esta manera las exposiciones fotográficas de tomas culturales y de rostros de líderes sociales y jóvenes asesinados por las lógicas de una opresión política, son compatibles, con una toma de una plaza pública donde se dignifiquen formas de amar desde la diversidad sexual, o, que una ruta popular a ritmo de chiva decorada con bombas de colores y música protesta va en total sintonía con dignificar la vida y reconocer que la paz tiene colores que representan las voces de aquellos que aun hacen, a pesar de la adversidad, apuestas comunitarias con mujeres, jóvenes, niños y niñas.

El Servicio Social para la Paz: acciones y reflexiones juveniles de una territorialización de la paz.    

El Servicio Social para la Paz, es una estrategia que nace desde el programa Niños, Niñas y Jóvenes Constructores de Paz (NNJCP),  que pertenece al Centro de Estudios Avanzados en Niñez y Juventud del Cinde y la Universidad de Manizales (CEANJ). El Servicio Social para la Paz, es un proceso teórico-práctico, que trabaja con jóvenes de instituciones educativas que estén cursando grados secundarios, en donde se les enseña y se les invita a la reflexión en temas como la construcción de paz, la resolución y transformación de los conflictos, uso y apropiación de los mecanismos de participación, derechos humanos y contexto nacional y local, esto para después desarrollar un proceso de multiplicación por medio de micro-proyectos que los y las jóvenes formulan y ejecutan en sus comunidades, para de esta manera hacer del servicio social una posibilidad de territorializar la construcción de paz en Manizales, y lograr que los y las jóvenes se apropien de las dinámicas y procesos que viven sus comunidades.

Este proceso, tiene como objetivo general: Potenciar procesos pedagógicos y participativos con jóvenes del servicio social que permitan fortalecer subjetividades políticas orientadas a la territorialización de la paz en el municipio de Manizales, Caldas.

El Servicio Social para la Paz, se desarrolló en el año 2018 en cuatro Instituciones Educativas del municipio de Manizales, donde se trabajó con jóvenes de los grados 9°, 10° y 11°; las instituciones educativas, que hicieron parte, fueron: Colegio La Asunción, Colegio Bosques del Norte, Institución Educativa San Juan Bautista de la Salle y la Institución Educativa Liceo Mixto Sinaí. Los jóvenes que participaron del proceso, fueron en su mayoría habitantes de la comuna Ciudadela del Norte, que es una de las comunas más grandes del municipio.

El proceso contó con un total de 104 encuentros y una participación de 69 estudiantes. La  formación del Servicio Social se realizó con el apoyo de organizaciones sociales, Instituciones y proyectos pedagógicos de aula, como fue el caso de: Escuela Popular Rompiendo Filas, Subversión Marica, Grupo de Resistencia Antifascista de Manizales, Defensoría del Pueblo y el proyecto Aulas en Paz de la Institución Educativa Liceo Mixto Sinaí. Y, en cuanto al proceso de planeación, intervención y monitoreo de los encuentros, se llevó a cabo por un equipo interdisciplinario conformado por una Trabajadora social e investigadora y formadora del programa NNJCP, un practicante de Psicología y un practicante de Trabajo Social. a continuación se cita un testimonio de una de las jóvenes que hizo parte del Servicio Social para la Paz:  

“Para mí el servicio social para la paz fue una experiencia muy buena, además los encuentros no son tan monótonos, son clases muy didácticas era muy bueno salir del colegio y no sentirse como obligada a ir yo iba con todo el gusto por que me agradaban mucho las didácticas que hacían los profesores. Además nos enseñaron cosas demasiado interesantes nos dieron las claves de tratar de formar una sociedad mejor y también las bases para hacerlo, nos dieron muchos temas y de estos temas nos dieron muchos puntos de vista interesantes. El servicio social para la paz no es el clásico servicio que una persona se siente obligado hacer. Es un servicio que uno hace con mucho gusto que sabe que cada encuentro es una nueva experiencia que nos ayuda también a crecer como persona en la sociedad a aceptar a todos sin importar sus condiciones.”

(Estudiante de la Institución Educativa San Juan Bautista de la Salle, grado 9°).

Los encuentros que se generaron en los talleres de formación del Servicio Social para la Paz, fueron un aliado estratégico en el proceso de formar a los jóvenes en pensamiento crítico, porque si bien los encuentros no solucionan de manera inmediata los problemas de drogadicción en los estudiantes o de violencia en los territorios donde los jóvenes habitan, si permite que los jóvenes confronten su realidad, motivándolos a llevar acciones que posibiliten actuar ante esos actos que les parecen injustos y difíciles de acabar; es decir, que el Servicio Social da paso a que los jóvenes fortalezcan su subjetividad política.

Parte del proceso del Servicio Social para la Paz, como ya se mencionó antes, consiste en hacer un proceso de multiplicación a través de micro proyectos que los jóvenes deben pensarse de acuerdo a una lectura de sus contextos inmediatos, donde lo significativo de este proceso de multiplicación, es el esfuerzo que hacen los jóvenes por contribuir a la trasformación de los contextos de desigualdad e injusticia social; Esto porque, cada joven que perteneció a un proyecto tuvo que pensar y hacer acciones que permitieran ayudar a su comunidad, pero dicha ayuda debía ser pensada desde una lógica de proceso, ya que la idea central de los proyectos de multiplicación, es dejar en los jóvenes una sensación de que ellos pueden realizar procesos que permitan menguar las realidades difíciles en las que habitan.

En suma este tipo de estrategias de educación y acción para la paz, pensadas para potenciar la subjetividad política de los jóvenes, es una respuesta al sistema actual que trata de excluir a los jóvenes y de rechazar sus formas otras de expresión. Este proceso, es una respuesta a la necesidad de formar de manera crítica a los jóvenes de Manizales, ya que permite  poner como tema de discusión la realidad social que los  jóvenes viven en sus familias, barrios y comunas en relación con sus vidas y el compromiso social y político que implica reconocer dichas realidades. El proceso, basa su potencial en el reconocimiento del joven como sujeto reflexivo, propositivo, en construcción colectiva y como constructor de paz, lo cual es valioso en el contexto actual colombiano donde al joven solo se le ve como al enemigo, al rebelde sin causa o el idóneo para la guerra. El Servicio Social para la Paz es una posibilidad de educar a los jóvenes no para la guerra sino para la paz. 

Un Trabajador Social que se retó a construir paz desde la colectividad: una narración en primera persona.

El vivir estos dos procesos de construcción de paz en paralelo, más allá de permitirme medirme como profesional, me ha posibilitado reconocer la importancia de construir paz en un país que se ha creado en medio de una cultura de guerra y, en esta misma línea, también me ha permitido entender lo difícil que es tratar de construir procesos que estén encaminados a la construcción de paz, ya que se vive la constante dicotomía  entre la necesidad de dar respuestas a las demandas que causa la desigualdad e inequidad, pero de no contar con ningún tipo de ayuda diferente a la de quienes con lo poco que tienen mantienen los procesos sociales y comunitarios, un caso ejemplo de ello son las experiencias del Carnaval y del Servicio Social, porque ninguna de las dos contó en su proceso de desarrollo con un apoyo económico que posibilitara unas garantías en la ejecución, los dos procesos fueron hechos como se dice de manera popular ‘con las uñas’ y financiados por los bolsillos de las personas involucradas.   

El contexto de Colombia durante mi proceso de práctica fue después de la firma de los acuerdos de paz entre las FARC y el gobierno, lo cual en  términos de construcción de paz fue difícil por diferentes asuntos de naturaleza política y económica, entre ellos:

1) se hace alusión  de unos acuerdos, que no han sido cumplidos y, que en términos generales están  en poco tiempo desmotándose por intereses políticos de partidos y grupos económicos que no están a favor del bien-estar que estos traen a diferentes poblaciones del territorio nacional.

2) no ha menguado el asesinato de los líderes y las lideresas sociales, tanto que la cifra de voces silenciadas según la Defensoría del Pueblo desde el 2016 al 2018 es de 282, lo cual es grave si se toma en cuenta que son los líderes sociales las personas que hacen posible la ejecución de los acuerdos pactados y de la defensa de los demás derechos humanos que no se ven contemplados en dichos acuerdo.

3) el gobierno por medio de políticas que favorecen a entidades privadas, como fue el caso de programa “Ser Pilo Paga” hoy llamado “Generación E”, han desahuciado el sistema de educación, en especial la educación superior, pues para el año 2018 todas las Universidades Publicas del país tuvieron que entrar en paro a exigir un proceso de negociación que permitiera aumentar los ingresos a estas instituciones porque de lo contrario estas se verían en el deber de subir sus matrículas y comenzar a transitar hacia la privatización; en relación a esto, es válido preguntarse ¿Cómo puede un país salir de un conflicto armado de más de 50 años y transitar a la construcción de paz sino es por medio de la educación?

Los problemas mencionados, más otros que  hoy enfrenta Colombia, son muestra de lo grave que está el panorama de construcción de paz en el país,  tanto que muchos procesos organizativos han dejado su interés en los temas relacionados con la paz, lo que da a entender que la mal llamada  ‘moda de la paz’ está “pasando” y, ante esto comprendí a medida que realizaba mi proceso de práctica en Carnaval y en el Servicio Social, que la paz desde una lógica de  justicia social no debe ser solo una consigna en los procesos de intervención en lo social, sino que debe ser una meta a la cual se debe aspirar llegar, pero que para lograr esto, es necesario entender que el Trabajo Social debe comenzar a potenciar los procesos organizativos de base, al igual que las acciones políticas que van en contra de la desigualdad e inequidad y, para ello, es pertinente organizar y colectivizar los procesos de intervención, porque la paz no se construye de otra manera que no sea por medio de la unión de fuerzas, sueños, indignaciones y vínculos de amistad.

  Apuesta de la Sistematización de Experiencias.

Si el proceso de intervención del Trabajo Social direccionado a la construcción de paz, se realiza desde una apuesta metodológica a partir de la educación popular, será posible develar los elementos principales a tomar en cuenta en una intervención intencionada en construir paz con los actores sociales a partir de sus contextos inmediatos.

Eje de la Sistematización de Experiencias.

¿Cómo el proceso de intervención desarrollado desde el Trabajo Social, a partir de una metodología basada en la Educación Popular, posibilitó potenciar la Construcción de Paz con los actores sociales del proceso de práctica que tuvo lugar durante el año 2018, en el municipio de Manizales, Caldas?

Objetivos del proceso de Sistematización de Experiencias.

General:
Comprender el proceso de intervención desarrollado desde el Trabajo Social, el cual a partir de una metodología basada en la Educación Popular, posibilitó potenciar la Construcción de Paz con los actores sociales del proceso de práctica que tuvo lugar durante el año 2018, en el municipio de Manizales, Caldas.


Específicos:
• Interpretar las características del Trabajo Social en la Construcción de paz en el proceso de práctica.
• Reflexionar los elementos tomados en cuenta de la metodología basada en la Educación Popular al momento de desarrollar el proceso de intervención desde el Trabajo Social.
• Develar las características de la Construcción de Paz a partir de un proceso de intervención basado en la Educación Popular.

Categorías que posibilitaron la reflexión teórico-práctica del proceso de Sistematización de Experiencias.

Educación Popular: Una apuesta epistemológica por la emancipación.

La Educación Popular es como lo mencionan Cappellacci, Guelman, Palumbo, Said y Tarrio (2018) una corriente de pensamiento que permite la vivencia de experiencias alternativas y alternativizadas donde se revalorizan los saberes de acción populares, que son problematizados para contribuir a la creación de saberes emancipadores, por lo que se trata también de una praxis social que permite romper con los  vínculos de poder.

 La Educación Popular, suele tener lugar en escenarios que se construyen de acuerdo a unas necesidades que emergen a través de las injusticias y desigualdades que el sistema económico y político propicia, es por ello que la educación popular aparece en experiencias latinoamericanas como bachilleratos populares, sindicatos, talleres barriales y procesos de etnoeducación. Un ejemplo de esto en Colombia, específicamente en Manizales, son las experiencias del Servicio Social para la Paz y El Carnaval por la Vida y la Paz. Basado en lo anterior, Areyuna, Cabaluz y Zurita (2018) van a decir que los procesos de Educación Popular:

“(…) movilizan un repertorio de prácticas y experiencias que, sin dudas, es plural y multiforme. Su relación directa con procesos organizativos y de resistencia, se expresa en un movimiento de negación y afirmación, el cual por un lado, denuncia las injusticias y desigualdades de la sociedad (…) y por otro, prefigura nuevas relaciones sociales, vínculos y formas organizativas, las cuales disputan –con diferentes grados de incidencia– discursos, prácticas y territorios al orden hegemónico.” 

Areyuna, Cabaluz y Zurita, 2018, pág. 66.

En este sentido, la Educación Popular puede concebirse como una corriente epistemológica crítica que posibilita pensar en lógicas emancipadoras procesos de acción política, de intervención social, de formación social y comunitaria y de formación institucional formal. Así, como también,  se le puede considerar como lucha social y política y, ante esto, Rigal (2004) citado por Cappellacci, Guelman, Palumbo, Said, & Tarrio (2018) va decir que a la Educación Popular se le puede entender como lucha porque la praxis social está llamada a ser “productora de sentido, con intencionalidad de transformación social” (2004: 167).

Finalmente es importante enunciar que la Educación Popular en cuanto episteme que nace de las necesidades inmediatas de los oprimidos, se configura de prácticas y reflexiones que surgen de indignaciones y pasiones que nutren a la praxis social no sólo de un  contenido de naturaleza emancipadora sino también de sentimientos de esperanza.

Trabajo Social Critico Latinoamericano: Una apuesta de intervención en lo social en pro de la emancipación política.

El Trabajo Social Latinoamericano se ha tejido en las realidades del contexto social, económico y político de los países que conforman este continente, es por ello que al hacer alusión al Trabajo Social como profesión, es válido asumir su lectura situada en cuanto es una práctica social y política que se construye de acuerdo a las dinámicas, procesos y estructuras sociales de los territorios donde se ejerce. De esta manera, es diferente hablar de un Trabajo Social Crítico en Estados Unidos, Europa, Asia, África o Latinoamérica, en cuanto se entiende que se comparte un legado epistemológico, histórico y praxiologico, esto no determina que su configuración como profesión sea única y estática, es por ello que parte de la riqueza del Trabajo Social como profesión, está en su arraigado ejercicio identitario compuesto por una historia, cultura, dinámicas políticas y sociales determinadas de acuerdo al territorio del ejercicio profesional. 

De esta manera asumir un Trabajo Social Critico Latinoamericano, implica reconocer un proceso histórico de una profesión que ha vivido una metamorfosis epistémica que tiene especial auge a partir de la década de los sesenta con el surgimiento del movimiento de la reconceptualización del Trabajo Social, movimiento que ha permitido al día de hoy mantener un cumulo de preguntas y  reflexiones hacia el ejercicio profesional y  la pertinencia del mismo de cara a las necesidades que presentan las poblaciones oprimidas por las lógicas del sistema económico de naturaleza capitalista, esto por medio de la formulación de un proyecto profesional direccionado a la construcción de una apuesta ético-política. En esta línea,  el Trabajo Social Critico en Latinoamérica puede entenderse, de acuerdo a lo que plantea Vivero‒Arriagada (2017), como:

“(…) una acción profesional que está  conscientemente orientada a la transformación de la realidad, y se asume como una práctica ética y política. Su horizonte está marcado por la senda de la construcción de una sociedad más justa, igualitaria, solidaria y con pleno respeto a los Derechos Humanos (…)”

Vivero‒Arriagada, 2017, pág. 560.

Asumir el ejercicio profesional del Trabajo Social desde una postura Crítica Latinoamericana, implica reconocer que la meta de la transformación de la realidad social se logra por medio de procesos  sociales que permiten potenciar los procesos organizativos de base, la subjetividad política y la formulación y ejecución de  políticas públicas con una real participación popular, de esta manera se asume, que la transformación social no es algo que se viva de la noche a la mañana, sino que es una meta a la que se aspira llegar por medio de la emancipación política que se logre gestar en los procesos de intervención en lo social. En relación a esto, Montaño (2014) va decir que el ejercicio profesional del Trabajo Social gira:

“(…) en torno a los derechos humanos, a los derechos sociales, a los derechos laborales, a la democracia, a la libertad, en torno a mejorar las condiciones de vida, de la constitución de la ciudadanía, etc. Nuestra práctica profesional se desarrolla en el espacio de la emancipación política (…)”

Montaño, 2014, pág. 12.

En suma, el Trabajo Social Crítico Latinoamericano, obedece a unas dinámicas históricas, sociales, políticas y económicas específicas, que determinan el quehacer profesional en pro a generar procesos sociales que permitan potenciar los intereses de transformación de la realidad colonial y hegemónica de los territorios donde se ejerce, esto en pro de  un bien-estar social de los grupos sociales que son oprimidos, esto al entender que la práctica, como lo menciona Montaño (2014) es política en cuanto se mueve en el escenario de los problemas sociales, que a su vez se gestan a partir de las contradicciones entre sujetos, sectores y clases sociales.

Iniciativas Civiles de Construcción de Paz: Una apuesta colectiva y popular.

“Las iniciativas civiles de construcción de paz no son utopías, y no encuentran su origen en negociaciones de paz, teorías académicas, y mucho menos de la imposición de las armas. Son realidades concretas que se materializan en procesos que construyen pueblos, comunidades, mujeres, jóvenes, y redes de organizaciones e iniciativas de paz, dentro de territorios determinados y mediante propuestas específicas. Tienen vida propia aunque sean desconocidas o insuficientemente conocidas.

Encuentran su origen en necesidades y aspiraciones concretas de los colectivos humanos mencionados, y se construyen en el día a día, en forma perfectible y muchas veces a costa de las vidas de quienes las lideran y dinamizan (…)”

Hernández Delgado, 2008, pág. 141.

Las Iniciativas Civiles de Construcción de paz, se configuran en el escenario de la  acción colectiva y popular, en cuanto quienes participan en ellas son personas del común que al reconocer una necesidad tangible de transformación de algún problema social presente en sus contextos inmediatos deciden organizarse, juntarse, unirse o hermanarse para lograr satisfacer sus necesidades de dignidad, justicia, igual y equidad.

Este tipo de iniciativas se caracterizan porque sus acciones son de carácter noviolentas, es decir, como lo plantea Restrepo Parra (2007) acciones que están pensadas desde unas posturas filosóficas, políticas y sociales cuyo fin no solo es cesar la violencia, sino hacer consiente de los diferentes tipos de violencia que existen y que para acabar con ella no se puede acudir a más acciones violentas, la noviolencia es una opción de poder ciudadano que exige que los sujetos empleen el argumento como principal herramienta. Sin embargo, es importante entender que la noviolencia no es un sinónimo de la paz, pero si es un medio que posibilita gestar acciones de paz. Es por lo anterior,  que Hernández Delgado (2008) va decir que las Iniciativas Civiles de Construcción de paz, sí construyen paz porque:

“(…) se organizan desde mecanismos noviolentos para responder con alcances concretos a la violencia estructural que se materializa en exclusión, racismo y autoritarismo, y la violencia directa del conflicto armado. En igual forma, por que transforman la realidad construyendo proyectos políticos propios, participativos y orientados por el bien común (…).”

Hernández Delgado, 2008, pág. 142.

            Finalmente, La Construcción de Paz desde las Iniciativas Civiles como el Carnaval por la Vida y la Paz y el Servicio Social para la Paz son también representaciones colectivas de resistencia que caminan hacia posibilidades de re-existencia, es decir que no sólo se generan acciones que posibiliten manifestar y hacer frente a las injusticias e inequidades sociales, sino que quienes hacen parte de estas iniciativas reconocen la importancia de un proceso de transformación vital de cara a una no reproducción del sistema que los oprime. Sin embargo, este proceso de re-existir es complejo en cuanto implica enfrentar múltiples herencias socio-culturales que llevan a confrontaciones constantes del ser y el estar.

La Construcción de Paz,  que se hace colectivizada, no puede asumirse como simples acciones externalizadas de los sujetos que allí participan, porque la construcción de paz si bien es poderosa en colectivo, implica un proceso de re-estructuración vital desde cada sujeto, es por ello que la Construcción de Paz es bueno asumirla como: acción colectiva donde se tejen vidas que crean vínculos de resistencia que permiten tránsitos hacia una re-existencia donde el amor, la pasión, la amistad, la indignación y la esperanza son producto y productor de la paz que se construye en procesos civiles-populares.

Metodología.

El proceso metodológico de la Sistematización de Experiencias se llevó acabo por medio de la elaboración de matrices que posibilitaron el ordenamiento teórico-práctico del proceso, ya que estas permitieron un diálogo constante entre la pregunta eje, los objetivos específicos, las categorías de análisis y la técnicas empleadas.

Como el proceso de Sistematización de Experiencias, se realizó después de haber vivido la práctica profesional, la naturaleza del proceso metodológico implicó un ejercicio hermenéutico en relación a las acciones ya vividas, esto para iniciar el proceso de reflexión de la experiencia como tal a Sistematizar.

En esta lógica y al entender que el proceso vivido en la práctica profesional fue amplio en abarcabilidad poblacional y encuentros realizados, se elige centrar la Sistematización en tres temas que fueron transversales en el  proceso de práctica, los cuales fueron: Educación Popular, Trabajo Social Crítico Latinoamericano e Iniciativas Civiles de Construcción de Paz, los cuales posibilitaron que las experiencias, las reflexiones y las acciones que se realizaron en el Carnaval por la Vida y la Paz y en el Servicio Social para la Paz, se asumieran como una sola reflexión y no divididas. También estos tres temas, que más adelante serían asumidos como categorías, permitieron que se revisara la experiencia a partir de las  siguientes dimensiones: Postura Ético-Política del Trabajador Social, Rol del Trabajador Social, Relaciones Interdisciplinares, Encuentro Dialógicos, Narrativas de la Indignación, Acciones Colectivas Populares, Relación Comunidad-Actores Sociales, Relación Proceso Social- Contexto y Relación Sujeto-Sujeto.               

Durante el proceso de clasificación de los documentos, codificación y análisis de la información, se tuvo en cuenta los siguientes documentos: entrevistas semi-estructuradas, murales participativos, escritos reflexivos, diarios de campo, informes de gestión, cuadernos de apuntes, cartografías sociales, escrituras colectivas, audios de encuentros, fotografías y una cartilla que fue producto del proceso de práctica.

En cuanto al proceso de codificación se realizó de forma artesanal por medio de una matriz de sistema de códigos y una matriz de relatos y, finalmente en el análisis de la información se empleó  una matriz de semejanzas y diferencias, que ayudó en el proceso de filtración de los relatos  y la lectura teórica de los mismos.

Hallazgos.

Trabajador Social como Tejedor de Paces, Práctica Política y entrelazamiento de saberes: Características del Trabajo Social en Procesos de Construcción de Paz:

El rol profesional del Trabajo Social en la experiencia vivida en el Carnaval por la Vida y la Paz y el Servicio Social para la Paz, fue de formador social, donde dicha formación social estuvo encaminada a potenciar desde la constante reflexión-crítica, el direccionamiento de preguntas, el ejercicio de planeación de los encuentros y acciones comunitarias desde la intervención educativa.

El Trabajador Social que asume su rol como formador social, encara el reto de generar a partir del compartir y construir con los actores sociales, lecturas contextuales que posibiliten cuestionar las prácticas cotidianas y el lugar político que se asume frente a lo que se lee como injusto e inequitativo, esto para motivar a la acción. El Trabajador Social como formador social, es un movilizador de acciones y reflexiones que están encaminadas hacer que las personas se vuelvan actores protagonistas de los procesos de cambio y/o transformación de las realidades adversas que se viven en las familias, el colegio, el barrio, la comuna y la ciudad:

 “Desde el quehacer del Trabajador Social en el proceso Servicio Social para la Paz, se brindó un acompañamiento que implicó acciones de formación para la paz desde una lógica de la educación popular, al igual que analizar constantemente los contextos donde los jóvenes habitaban, pensar y ejecutar técnicas de intervención social que permitieran fortalecer los potenciales del desarrollo humano y el sujeto político (…) Desde el Carnaval por la Vida y la Paz, el quehacer del Trabajador Social, estuvo relacionado con la planeación y desarrollo de los procesos de intervención comunitaria y apuestas políticas, al igual que del proceso de sistematización de experiencias, lo que implicó realizar acciones en comunidad y encuentros que permitieran reflexionar y proponer nuevos horizontes de sentido para el Carnaval.”

Informe final del proceso de práctica, 2018, pág. 6.

Así, el rol de formador social en los procesos de construcción de paz complementa la función como Tejedor de Paces, que implica reconocer la importancia de la función profesional en el ejercicio de construcción, reconocimiento y potenciación de experiencias de paz que se gestan en lo cotidiano de las dinámicas comunitarias y sociales de la ciudad de Manizales, donde es necesario entrelazar aquellas experiencias de vida que se mueven en pro de generar acciones y reflexiones colectivas encaminadas acabar con los diferentes tipos de violencias y transformar los conflictos que se viven en la ciudad, las comunas, los barrios, los colegios y las familias:

“De esta manera hablar de un Trabajador Social como Tejedor de Paces, implica hablar de un Trabajador Social que se asume como recolector de experiencias de vida, por medio de la intervención en lo social, que nacen de contextos donde la violencia y conflictos de diferentes tipos, para después entrelazar dichas realidades que se muestran complejas y generan en los grupos poblacionales diferentes acciones de daño, con alternativas que posibiliten la reflexión de las dinámicas violentas y/o conflictivas para transformarlas (…) el Trabajador Social como tejedor de paces, debe asumir la paz como un proceso complejo que se construye desde las dinámicas de los escenario micro y macro sociales, lo que quiere decir que no es una realidad estática, sino que por el contrario implica una constante reflexión y acción colectiva para mantenerse, esto porque la paz se construye con todos aquellos que conforman la dinámica social.”

Cartilla Tejer paces: una experiencia de potenciación de la subjetividad política para una territorialización de la paz con Jóvenes en Manizales a partir del proceso Servicio Social para la Paz, 2018, pág. 19.

Es decir que, el Trabajador Social como Tejedor de Paces debe buscar poner en un constante dialogo las diferentes experiencias de construcción de paz que se gestan en los territorios donde se realiza el quehacer profesional, esto para poder comenzar a entrelazar, juntar esas acciones de paz de manera tal que en algún momento logren desde sus cotidianidades encontrarse para potenciarse. Esto, es por lo tanto, un ejercicio que no se logra de un día para otro, sino, que se da en la medida que el Trabajador Social lo enuncie y lo exponga.

Un ejemplo para entender lo dicho hasta el momento, es acudir a la metáfora del tejido, donde los Trabajadores Sociales son la aguja que permite entrar en las dinámicas cotidianas de esas construcciones de paz y, las reflexiones, las preguntas, los escritos y enunciaciones de esas realidades de acción de paz con los actores que las hacen posible y con otros cercanos o lejanos a ella, hacen las veces del hilo que entrelaza las experiencias.

De esta manera, el rol del Trabajador Social en los procesos de Construcción de Paz cobra un significante de crítica, de reflexión y constante pregunta por aquello que enunciamos como paz y/o acciones de paz, donde el rol profesional que se  asume tiene que ver, en estrecha relación, con la posibilidad de permitir otras enunciaciones de la paz, es decir, de posibilitar que la paz sea nombrada y reconocida desde la construcción cotidiana a partir de la necesidad tacita de las personas de diferentes contextos donde el Trabajador Social llega:   

“Yo creo que el rol importante como Trabajador Social es poder dar lecturas frente a problematizar la paz, más que dar lecturas de qué es paz, sino poner en tensión, poner en discusión cómo se territorializa la paz en los territorios y como no hablar de paz territorial (…) creo que hay algo que como Trabajador Social que ha sido lindo y es darle la oportunidad a las personas de crear sus propios conceptos de paz (…) y creo que algo así importante es no quedarse en la reflexión y la comprensión de la terminología sino de cómo llevamos eso a acciones concretas, es decir a cómo lo nombramos, eso cómo lo recreamos en lo práctico, cómo hacemos tomas culturales por la vida (…) o cómo hacer memoria (…) parte de mi experiencia como Trabajador Social ha sido como recrear ese asunto de la paz (…) siempre va ser muy importante partir de la experiencia llevarlo a lo académico y volver a la  práctica digamos que eso tiene que ir en un dialogo.”

Entrevista con un Trabajador Social y líder del Carnaval por la Vida y la Paz, 2019. 

Es por lo anterior, que la construcción de paz reta al  ejercicio profesional del Trabajador Social a mirar su práctica no sólo como un hacer social y comunitario de naturaleza académica o laboral, sino, que lleva al Trabajador Social a asumir dicha práctica como política; es decir, que permite enunciar la meta de la transformación social no solo como un sueño, sino como un anhelo de poder popular, es por ello que la naturaleza de las iniciativas de paz suelen nacer desde las bases sociales en forma de organización y acción colectiva de barrios, grupo de jóvenes o  mujeres:

“Como Trabajador Social, soy un fiel convencido que por medio de procesos sociales mediados por acciones colectivas de base se pueden generar importantes escenarios de Transformación social. También, soy consciente que lograr dichos procesos de transformación social no es fácil en un mundo donde reina la injusticia e inequidad como causa de modelos económicos históricos que oprimen y consumen la esperanza de un presente y futuro diferente, y frente a ello la importancia del resistir académicamente y comunitariamente como apuesta política.”

Informe Parcial De Gestión del proceso de práctica, 2018, p.17.

El ser Trabajador Social desde una postura crítica, implica entender que la práctica política es y debe configurarse como un estilo de vida, lo cual involucra eliminar la posibilidad de vernos con vestiduras momentáneas, donde en un determinado momento del día se es Trabajador Social y en otro no se es, esta posición cambia en cuanto se asume la responsabilidad social e histórica con el presente y las vidas con las que se comparte en los procesos de construcción de paz: 

“Nosotros a diferencia de muchas carreras tenemos la posibilidad de ya no hacer solo la intervención por hacerla, sino de hacer una intervención y generar unas reflexiones a través de esas intervenciones que nosotros hacemos. Cuando nosotros hacemos las intervenciones como organización yo nunca me he sentido como una integrante de la organización, sino que me he sentido como la Trabajadora Social de la organización que hace las intervenciones independientemente que la organización me pague o no, pero por el rol que asumí como Trabajador Social y que ya no siento la intervención como por ir a dar el taller y ya, siento que todo el tiempo estoy es en función como Trabajadora Social, porque eso me permite reflexionar, leer otras cosas, mirar el contexto de otra manera, analizar el país de otra manera, entonces siento que ya no me desligo del rol del Trabajador Social, sino que todo el tiempo estoy con los lentes del Trabajador Social.”  

Entrevista con un Trabajador Social y líder del Carnaval por la Vida y la Paz, 2019.

Ser un Trabajador Social en los procesos de Construcción de Paz, implica reconocer-nos en dicho proceso. La paz es de naturaleza vivencial, es decir se nutre de las historias de vida, es por ello que la historia y experiencia de vida del Trabajador Social también cuenta en la construcción de paz, porque la paz se nutre de las indignaciones, pasiones y utopías que se gestan en la realidad social compleja de lo cotidiano y lo estructural, ante esto la paz adquiere una necesidad constante de lectura real y crítica del contexto, es decir, que se desdibuja la idea de que la paz es carente de realidad o que sólo se da en el escenario de la espiritualidad, esto porque también se asume a la paz como una construcción compleja de la realidad  humana:

“(…) ser Trabajador Social en marcos de contextos locales, regionales y globales de complejidad social, política, económica y cultural, implica acoger el rol de un sujeto que basado en una realidad situada, tenga la capacidad de reconocer que nuestras utopías y pasiones no pueden ser sólo ensoñaciones y esfuerzos sin consolidación de acciones pertinentes, sino de ser sentires, pensares y actuares que permitan convertir a dichas utopías y pasiones en movilizadores que respondan a indignaciones, inequidades e injusticias que hagan presencia en las dinámicas que los seres humanos creamos a medida que interactuamos con aquello que configura nuestras realidades subjetivas y objetivas.”

Escrito Reflexivo del proceso de práctica, 2018.

En este sentido, los Procesos de Construcción de Paz que se gestan desde las bases, tienden hacer construcciones de entrelazamiento de saberes, que permiten un constante dialogo entre las lecturas de  los saberes que nacen desde la academia, las organizaciones sociales, las instituciones y las comunidades, donde se es posible potenciar otras experiencias a partir del aprender a leer y a actuar de otras maneras en la realidad social:   

“El trabajo interdisciplinar e interinstitucional que se logró dentro y fuera del espacio educativo, aportó ampliamente mi conceptualización epistemológica de las ciencias sociales, la construcción de ciudadanía y la construcción de paz además de aportarme nuevas experiencias metodológicas para trabajar talleres dinámicos y creativos en clase, que apuntan a la transformación del aula en espacios polifónicos donde todas las voces sean escuchadas, tenidas en cuenta y materializadas las ideas a partir de las actividades que los estudiantes realizan en diferentes espacios de su comunidad y ciudad.” 

Narrativa Profesora Institución Educativa Liceo Mixto Sinaí, Cartilla Tejer paces: una experiencia de potenciación de la subjetividad política para una territorialización de la paz con Jóvenes en Manizales a partir del proceso Servicio Social para la Paz, 2018, pág. 18.

De esta manera el Trabajo Social no reflexiona, cuestiona y potencia en solitario, sino, siempre de manera colectiva, permitiendo-se la oportunidad de aprender de las demás personas que participan del proceso, y en este caso, es importante resaltar que los procesos de construcción de paz son posibilidades de constantes aprendizajes, lo que permite entender que la paz es productora de saberes de acción que son importantes rescatar ya sea por medio de procesos de investigación, de sistematización de experiencias o de evaluaciones de procesos colectivos.

Finalmente, al retomar el primer objetivo específico planteado para el proceso de sistematización de experiencias, que esta formulado de la siguiente manera: Interpretar las características del  Trabajo Social en la  Construcción de paz en el proceso de práctica; se permite enunciar, tres importantes características del Trabajo Social en los Procesos de Construcción de Paz, las cuales son: la función de tejedor de paces, una práctica política y el entrelazamiento de los saberes de acción; que permiten entender, que el Trabajo Social tiene grandes retos en relación a aquellas acciones de paz que  nacen desde las bases sociales de la ciudad de Manizales. Lo que implica, fortalecer las reflexiones, procesos de práctica y de investigación social y comunitaria alrededor de estos temas, esto para comenzar a fortalecer dichos procesos.

Pero, también, es importante mencionar que si bien se plantea en este objetivo interpretar las características del Trabajo Social en la construcción de paz, el ejercicio mismo de la sistematización, demostró que no basta sólo con enunciar esas características, sino, que es necesario dar cuenta de los sentires y acciones del Trabajador Social en los procesos de construcción de paz, en cuanto se asume que el profesional en este tipo de procesos no es un actor externo, y que por ello es necesario profundizar en las vivencias del Trabajador Social con los actores sociales y el contexto.

Indignaciones colectivas para la acción, métodos de construcción de paz y acciones colectivas populares: elementos metodológicos al momento de desarrollar un proceso de intervención desde el Trabajo Social basado en la Educación Popular.

La experiencia de construcción de paz vivida en el Carnaval por la Vida y la Paz y el Servicio Social para la Paz, durante el año 2018, permitió entender que las indignaciones son motores de las acciones emprendidas y de las uniones entre organizaciones sociales e instituciones que reconocen la necesidad de construir paz en Manizales. Estas indignaciones, son sentimientos de dolor, rabia, desesperanza y tristeza que hacen que las personas en un primer momento critiquen su contexto, pero después vean la necesidad de trabajar con otros para que esas indignaciones no queden en el olvido:

“(…) hay algo bien lindo que yo veo con Carnaval que se logró, y es que logra ser el espacio de convergencia de indignación de diferentes colectivos y expresiones de la ciudad, yo creo que ni siquiera la Marcha Patriótica logró en la ciudad, lograr converger tantas organizaciones tan distintas todas, con un enfoque tan distinto en su accionar, pero creo que algo ahí fue que habían puntos comunes reivindicativos  que creo yo fue lo que generó (…) las causas comunes, creo que todas las acciones fuertes del Carnaval fueron porque todos los espacios que estaban allí vieron que eran importantes y tenían que ver con algún miembro de su colectividad o fuera un interés explícito o implícito de su organización, pero era una apuesta total desde lo más mínimo (…)”   

Entrevista con un Trabajador Social y líder del Carnaval por la Vida y la Paz, 2019.  

Las indignaciones, no son sentimientos que obedezcan a una determinada edad, genero, clase social o etnia, es por ello que tanto mujeres, hombres, jóvenes, niños, niñas, personas de estrato socioeconómico bajos y altos o indígenas, negros, mestizos y blancos, pueden indignarse, y la fuente de dicha indignación puede ser múltiple. Los líderes y lideresas  del Carnaval y los jóvenes del Servicio Social, demuestran que sus indignaciones obedecen a realidades de opresión que les aquejan a ellos, a sus seres queridos  y en general a sus comunidades:   

“Me indigna las múltiples formas de violencia que invisibilizan a los otros; Que la iglesia católica tenga tanto poder; El Machismo en las organizaciones; Me indigna la indiferencia y la indolencia frente al horror de esta constante guerra; Me indigna la manipulación mediática en la elaboración de los relatos de nuestra historia; Me indigna que silenciemos nuestras voces, nuestros cuerpos y hablemos de resistencias; Me indignan las injusticias y los abusos del Estado; Me indigna la homofobia y la no aceptación de la lucha de la juventud; Me indigna que tenga más valor una mentira mal contada que el Arte y la memoria y las voces críticas; Me indigna que nos sigan militarizando nuestros cuerpo y territorio; Me indigna la invisibilización de agentes organizacionales en la construcción de un proceso colectivo; Me indigna que la gente este ciega con los ojos abiertos y con los oídos atentos; Me indigna que la  guerra en  Locombia parece no tener  fin; Me indigna la estigmatización social, sobre todo la estigmatización  juvenil.”

Escritos de mujeres y hombres del Carnaval por la Vida y la Paz que participaron de la técnica de Mural de Narrativas Colectivas ¿Qué te indigna?, 2018.

“Me indigna porque era un muchacho muy joven, tenía muchos sueños que cumplir y una vida por vivir, no se si jue injusto pero me indigna que hay personas que creen que la vida de otro les pertenece, no lo llegue a conocer pero era una persona muy joven halla lo que halla hecho no le tenian que quitar la vida. haci halla cometido algun herror no tenian porque haverle hecho eso. Pudo ser cualquiera pero la vida de alguien no le pertenece a nadie.”

Jóven del Servicio Social para la Paz, ejercicio de escritura colectiva, 2018.

Las indignaciones, son posibilitadoras de acciones que potencian la construcción de paz, así mismo, estas indignaciones se dan en colectividad, y es en dicha colectividad donde los procesos de construcción de paz como el Carnaval y el Servicio Social, permiten los encuentros dialógicos y participativos, lo cual desde los procesos del Trabajo Social tiene que ver con métodos de intervención. Desde la experiencia vivida, se enuncian  tres métodos que permitieron gestar encuentros productivos en términos de reflexiones, acciones conjuntas y lecturas del contexto críticas, estos métodos se construyeron con la participación de actores tanto del Carnaval como del Servicio Social, uno de  ellos se desarrolló al partir de tres momentos: acciones que posibilitan la reflexión desde las indignaciones, luego reflexiones desde la esperanza y finalmente acciones desde la colectividad:

“La metodología, consistió en tres momentos claves que fueron: a) Polifonía del horror o indignación, que consistía en despertar en los asistentes todo aquello que les indignaba y les dolía de las injusticias sociales, y para lograrlo se realizó una lectura de un testimonio del conflicto armado, un performance, la participación del profesor Jaime Pineda y una socialización de las indignaciones a partir de un mural interactivo y una conversación; Para el segundo momento se planteó, el volver a la esperanza, por medio del escuchar el poema de Eduardo Galeano “el Derecho al delirio”; en el tercer momento, se trabajó alrededor del compromiso y la acción política, esto se hizo alrededor de una fogata, que simbolizo la luz y la pasión de cada uno de las personas que hicieron parte del segundo encuentro de reactivación.”

Informe Parcial De Gestión del proceso de práctica, 2018, pág. 30.

El otro método, tiene que ver  con una intención de construir de forma colectiva y también de valorar los saberes que se producen en las acciones de construcción de paz, de esta manera este método permite entender que las acciones, reflexiones y creaciones colectivas son vitales si se habla tanto de paz como de dignificación de la vida, esto porque se entiende que aquellas acciones reivindicativas que surgen para unir fuerzas y voces, tienen una  posibilidad  mayor de generar eco y permitir que otros que se sientan identificados se unan. Las acciones y reflexiones colectivas inician desde la unión de dos o más fuerzas, en un inicio no son muchas personas las que participan, pero si se cree firmemente que sólo a través de este tipo de acciones con otros es la posibilidad más viable de exigir y generar justicia social, equidad y dignidad, lo más probable es que este crezca o se mantenga en el tiempo.

Desde el Trabajo Social, las reflexiones y acciones colectivas parten de una necesidad de entender que el Trabajador Social no puede nunca construir sólo  los procesos de intervención, es por ello, que todos los actores sociales deben ser tenidos en cuenta, algunos participaran más que otros, pero esto, no es un impedimento, ya que la participación puede ser directa o indirecta, el Trabajador Social siempre debe contar con los actores sociales, en especial, si los procesos de intervención en lo social se dan desde posturas epistémicas como la educación popular: 

“Como método de intervención en lo social se plantea el bucle de acción colectiva-reflexión colectiva-creación colectiva, desde un enfoque de transformación social, esto con el propósito de tejer conocimientos, acciones y apuestas de forma colectiva, que permitan la inmersión a posibilidades de re-estructuración en un primer momento desde niveles micro.”

Proyecto Social del proceso de práctica, 2018.

El tercer método está relacionado con la capacidad que tienen y desarrollan los actores sociales, que participan de los procesos de construcción de paz, de reconocerse y encontrarse para juntos reflexionar y llevar a cabo acciones, sin embargo este método es diferente al anterior, porque este tipo de acción colectiva está dirigida a construcciones colectivas de relaciones de amistad entre procesos organizativos, que posibilitan más allá de saber que el otro existe, de entender que sus procesos también conversan con otros procesos, pero esto solo es posible si se da un encuentro que no se quede  en el ejercicio del trabajo, sino, que transcienda hasta el punto de generar vínculos más fuertes, como en este caso la amistad:  

“La única posibilidad de trabajar juntos es reconocernos, pero la única posibilidad de conocernos es encontrarnos. Entonces, pasando por el encuentro hemos permitido el reconocimiento y con el reconocimiento quiero decir que uno tenga la capacidad de ponerse en los zapatos del otro, de ponerse en las reivindicaciones de la otra organización y las pueda a demás hacer suyas (…) nuestra metodología por laxa que parezca creo que es una metodología que tiene mucho sentido porque pone a los diferentes en el mismo lugar a conversar sobre cosas que a esos diferentes les importa y les permite encontrar en qué se conectan.”

Entrevista con una Socióloga y lideresa del Carnaval por la Vida y la Paz, 2019.

Estos métodos antes expuestos permiten entender que las lógicas de acción, es decir las metodologías, que se gestan en los procesos de construcción de paz obedecen a dinámicas contextuales determinadas y que por ende un solo método y en general una sola metodología no es viable, es por ello, que bajo las concepciones de la Educación Popular y de un Trabajo Social Crítico es adecuado hablar en plural en cuanto al ‘cómo’ de lograr los procesos comunitarios y sociales. En este sentido, entender que existe una metodología con muchas caras, que es plural, itinerante y en constante construcción es pertinente:

“Es una metodología que es itinerante, es una metodología que se mueve en territorio, que se mueve epistemológicamente que quiere generar sensibilidad, que quiere generar indignación desde el arte, desde la música, desde la fiesta desde la afirmación de la vida, creo que se va construyendo.”

Entrevista con una Trabajadora Social, formadora e investigadora del CEANJ y lideresa del Carnaval por la Vida y la Paz, 2019.

De hecho, es de esa capacidad de itinerancia y pluralismo metodológico y por ende metódico, que los procesos que se crean en colectividad se generan desde una riqueza en diversidad de lecturas y posturas en la comprensión de las  interacciones, procesos y estructuras sociales, obvio sin desdibujar o tergiversar la realidad compleja donde se gestan las indignaciones que movilizan las construcciones de paz.

Las acciones colectivas que se han mencionado hasta ahora, obedecen a unas reivindicaciones populares, es decir, a unas necesidades de personas o sectores sociales determinados, que han vivido algún tipo de opresión por parte del sistema-mundo que en predominancia es colonizante, patriarcal, adultocéntrico y capitalista. De ahí, que los procesos de construcción de paz trabajen en temas que respondan en contra de esas características del sistema-mundo, es por ello que luchas como: las feministas, los jóvenes, los defensores de derechos humanos, las víctimas del conflicto armado, la población LGBTI, entre otras; hagan presencia en experiencias como el Servicio Social para la Paz y el Carnaval por la Vida y la Paz.

Los procesos de construcción de paz, se generan en diferentes niveles de impacto, esto al depender de los alcances de las acciones colectivas populares, por ejemplo, aquellas acciones direccionadas a generar un proceso de transformación desde la subjetividad de las personas por medio de procesos educativos más personalizados y que tratan de darse en relación con las dinámicas concretas que viven las personas que participan:

“Para mí el servicio social no fue solo un crecimiento en conocimiento, sino que trascendió barreras y, me hizo crecer como persona que no solo piensa individual sino también en colectivo. De allí nació el conocer más a mis compañeros de salón y colegio en general a saber realmente cuales eran las problemáticas de nuestra sociedad, pero también, nos hizo ver todo lo bueno que nos rodea conocí gente maravillosa con la que nunca imagine tener una relación.”

Narrativa de una Joven que participo del Servicio Social para la Paz, Cartilla Tejer paces: una experiencia de potenciación de la subjetividad política para una territorialización de la paz con Jóvenes en Manizales a partir del proceso Servicio Social para la Paz, 2018, pág. 15.

“Pues aporta mucho porque con un simple torneo de futbol puede cambiar a las personas la pasión por el futbol y el querer divertirse jugando. Y también cambiar la forma de pensar y poder aportar algo bueno en su comunidad.”

Joven del Servicio Social, actividad de evaluación ¿Cómo cree que su proyecto aporta a la construcción de paz en la comunidad?, 2018.

Otro ejemplo, son aquellos procesos que se enfocan en generar irrupción del escenario público, llamar la atención por medio de una toma a una plaza  o de las calles, esto con el objetivo de denunciar una injusticia, de habitar un espacio negado, de dignificar una vida silenciada o de exigir unos derechos robados. Este tipo de acciones en los procesos de construcción de paz no sólo están direccionados desde lo metodológico a fomentar la discusión frente a un tema determinado, sino también a brindar un proceso pedagógico, el cual puede darse por medio del uso de carteleras, exposición fotográfica, películas,  música, obras de teatro, lectura de poemas y lectura de manifiestos políticos:

“A mí me pareció brutal lo de la Besatón, eso me pareció increíble, además porque eso pasa por un ejercicio colectivo, contestatario, hace (…) que la Alcaldía “diga que ustedes no pueden hacer el evento porque nosotros somos Alcaldía” y que todas las organizaciones digan “es que nosotros somos y vamos a pararnos en la plaza”, eso indiscutiblemente es un tema fuerte de consignas fuertes desde lo simbólico, y es que la plaza pública es para habitarla, creo que ahí hay un elemento importante y es el espacio público, y es que los espacio hoy en día de indignación tienen que estar en el espacio público, la calle es el escenario de denuncia, es el escenario de encuentro, es el escenario del debate (…) la calle como un escenario de movilización y la plaza como un escenario de congregación.”

Entrevista con un Trabajador Social y líder del Carnaval por la Vida y la Paz, 2019.

Los procesos de construcción de paz son potentes en cuanto permitan que otras personas logren cuestionar su realidad, se preocupen por emprender acciones conjuntas para el bien-estar de su comunidad, se interesen por saber la verdad sobre los problemas existentes en la sociedad y se asuman como actores importantes en la transformación de dichos problemas, es decir, que logren potenciar la subjetividad política. La experiencia del Servicio Social para la Paz, posibilitó entender que formar políticamente a los jóvenes es posible, pero en especial permitió que ellos comprendieran que el ser jóvenes no es sinónimo de silencio o aislamiento de los problemas que enfrentan en sus contextos inmediatos, ellos comprendieron que pueden ser ciudadanos activos en pro de una trasformación social: 

“Puedo mejorar la educación volviéndome un profesor; Los jóvenes podemos ayudar vinculándonos a proyectos para ayudar a la comunidad como siembras, arte, recreaciones como en todas las actividades en que nosotros podemos aportar (…)”

Escritos de jóvenes del Servicio Social para la Paz, ejercicio reflexivo ¿Qué puedes hacer como sujeto político?, 2018.

Desarrollar procesos de intervención desde una apuesta de Educación Popular en Trabajo Social,  implica reconocer el lugar privilegiado de las indignaciones al momento de pensar acciones en pro de la construcción de paz, puesto que es desde allí, donde surgen las motivaciones de colectivizar los sentimientos de desesperanza, tristeza y decepción que nacen de la opresión que genera el sistema-mundo. Lo cual, también hace valorar en los procesos de intervención en lo social, la necesidad de una multiplicidad metódica y de una metodología itinerante, en cuanto la importancia del proceso radica en la diversidad de lecturas y expresiones que en el surjan. Los proceso de educación popular fomentados desde el Trabajo Social en la construcción de paz, deben considerar las acciones colectivas y la potenciación de la subjetividad política como compromiso con la transformación social.

Para sintetizar, de acuerdo a lo planteado en el segundo objetivo específico del proceso de sistematización, que dice de la siguiente manera: Describir los elementos tomados en cuenta de la metodología basada en la Educación Popular al momento de desarrollar el proceso de intervención desde el Trabajo Social. Dichos elementos tomados en cuanta en la metodología, fueron: tejido dialógico para la acción (indignaciones colectivas), el carácter multi-metodico de la acción (Métodos de construcción de paz) y las intenciones emancipadoras gestadas desde la colectividad (acciones colectivas populares); con los cuales, se muestra que la intervención del Trabajo Social  a partir de la educación popular, permite construir vínculos más fuertes con los actores que participan del proceso de construcción de paz, al igual que hacer que la intervención no se de en una relación profesional-actores sociales, sino, en una relación sujetos-sujetos, en donde las reflexiones que se gestan en los procesos afectan y pretenden transformar al Trabajador Social.

Estos elementos que aparecen en el proceso metodológico, debelan la importancia de construir paz, en los procesos de intervención en los que el Trabajador Social participa, desde las necesidades y realidades inmediatas de las personas que movilizan las acciones de paz, lo que muestra que la paz se construye desde y para los territorios. En esta lógica, es importante enunciar, que este objetivo fue desbordado por los hallazgos encontrados, en cuanto permiten leer, que más allá de describir los elementos de la metodología, era necesario analizarlos y comprenderlos.

Concepciones de Paz, Vínculos de Amistad en la Construcción de Paz y Territorialización de la Paz: características de la Construcción de Paz a partir de un proceso de intervención basado en la Educación Popular.

El Carnaval por la Vida y la Paz y el Servicio Social para la Paz, como experiencias de Construcción de Paz en Manizales, permitieron en las diferentes acciones que se realizaron durante el año 2018, entender que la paz tiene diferentes formas tanto de enunciarla y de construirla. De esta manera, surgen tres visiones de entender la paz a partir de lo vivido, las cuales son: La paz desde la visión cotidiana del estar bien; la paz desde una postura de justicia social y visión estructural; y la paz desde el punto de vista de la armonía con todo aquello que rodea la vida humana.

La paz desde la visión cotidiana del estar bien, aparece desde la visión de los jóvenes, niños y niñas que hicieron parte del proceso del Servicio Social para la Paz, donde esta es enunciada como un proceso que se construye desde las familias, los amigos, en el colegio y con todas las personas que hacen parte de la realidad de un determinado contexto, y la cual tiene como característica principal generar bienestar entre las personas. Dicho bienestar  se hace tangible con actos de amor, la alegría y el poder expresarse en libertad:

 “Vivir en Paz es vivir bien; Hacernos adictos a lo que nos hace felices; Se tú mismo sin dañar a los demás; Dejar buena huella.”

(Jóvenes del Servicio Social para la Paz, ejercicio de pintura colectiva, 2018). 

“La paz se construye con amor; La Paz: hijo, mamá, papá”

(Niños que participaron del proceso de multiplicación de los jóvenes del Servicio Social para la Paz, 2018).

Esta visión de paz que plantean los jóvenes, niños y niñas del Servicio Social para la Paz, no pone en cuestión a la estructura social y política donde está en juego las dinámicas del poder de los ciudadanos en términos de decidir sobre cómo se dan sus vidas en esa cotidianidad que enuncian los relatos anteriores, es por ello, que esta postura de concebir la paz, que se plantea no desde una visión macro sino micro, puede aportar al ejercicio de fomentar dinámicas relacionales sanas entre grupos de personas que conviven en un mismo territorio, sin embargo, no permite cuestionar las injusticias e inequidades que se gestan en el ejercicio del poder opresor, porque no se enuncia un ejercicio de poder desde los sujetos que hacen posible esa cotidianidad, en otras palabras, no es visible un ejercicio de poder popular.  

La paz desde una postura de justicia social y visión estructural, es enunciada desde algunas voces de los líderes y lideresas del Carnaval, donde se asume que la paz es la posibilidad de alcanzar los derechos fundamentales, una vida digna, libertad, pero en especial un pleno desarrollo del proyecto de vida, es decir, esta visión de paz, propone que la paz es algo que si bien se construye desde lo cotidiano, no es algo que ya venga ganado sino que tiene que trabajarse por ella y es por esto que se habla de un ejercicio organizativo para lograr la paz:

“Para mí la paz es sobre todo desde una perspectiva de justicia social, es la posibilidad de que todos los actores de la sociedad puedan vivir en bienestar, lo que se ha conocido como bien común, que alcancemos  los derechos fundamentales, vida digna, libertad pero adicionalmente, y esta es otra de las teorías de la justicia social, que cada quien pueda desarrollar el máximo de sus capacidades, que pueda desarrollar su proyecto de vida y su quehacer, es decir que no haya un taras en la dinámica y la estructura social que no lo permita, que eso no dependa de la clase social de los ingresos económicos. La paz es como que todos tengamos oportunidades realmente y eso pasa por el ejercicio organizado de la sociedad civil que es un poco lo que impulsa no sólo desde El Carnaval, sino desde las organizaciones sociales y de base y es el reconocimiento de que los derechos son ganados y que la paz no es un estado dado sino que es un estado por el que hay que trabajar.”

Entrevista con una Socióloga y lideresa del Carnaval por la Vida y la Paz, 2019.

Así mismo, este tipo de paz desde la justicia social y la visión estructural, es concebida como un fin al cual no se llega sino es por medio de la disputa  política, de la construcción colectiva de acciones ciudadanas que contribuyan a la formulación y ejecución de políticas públicas que  posibiliten garantías de vida digna para las personas que habitan en la incertidumbre de la inequidad y desigualdad social. La paz desde esta postura, puede entenderse también como un proceso de lucha social:

“La paz no se puede quedar sólo en el escenario local o en el escenario territorial sino que también hay que pensar la paz como justicia social, hay que pensar la paz frente a las condiciones dignas de vida de las comunidades, de los niños, de las niñas, de los jóvenes, de las mujeres. Hay que pensar la paz también como conflicto, como conflictos políticos, hay que pensar la paz como transformaciones, la paz no es estática, la paz se mueve porque hay unos contextos que se van transformando, se mueve porque hay gobiernos que van transitando, hoy por ejemplo podemos decir la paz hay que defenderla y defenderla estructuralmente que es donde esta quebrantada (…) Yo creo que la Paz es Juntanza, es colectividad para realmente disputar políticas públicas, disputar con el estado  para la generación de condiciones de vida.”

Entrevista con una Trabajadora Social, formadora e investigadora del CEANJ y lideresa del Carnaval por la Vida y la Paz, 2019.

En cuanto a la paz entendida desde la visión de la armonía con todo aquello que rodea la vida humana, implica asumir una postura más compleja de entender la paz, puesto que lleva a cuestionarse el lugar del ser humano no solo con respecto a sus semejantes y las dinámicas que surgen de allí, sino también con las otras manifestaciones de vida que no son humanas y que hacen parte de la construcción diaria de la amalgama social. Esta postura de paz está relacionada con  algunas culturas indígenas como por ejemplo las culturas indígenas del Cauca, que defienden su forma de vida basándose en su cosmogonía que involucra un equilibrio entre su anthropos con todo aquello que significa bios, donde se teje una relación de respeto con la vida en general:

“Yo percibo la paz como esa opción o esa capacidad o ese estado en el que podemos estar como en armonía o en convivencia con el entorno con el otro, como ese equilibrio que podemos lograr entre las personas y el entorno, sé que siempre va a haber conflictos y cosas pero yo siento que la paz es lograr esa armonía y ese equilibrio entre una cosa y la otra, entre los seres humanos, la naturaleza, el entorno, lo que nos rodea, el trabajo, en todas esas cosas nosotros logramos tener un equilibrio, yo siento que eso puede ser la paz.”

Entrevista con una Trabajadora Social y lideresa del Carnaval por la Vida y la Paz, 2019.

Esta última concepción de paz desde la armonía con la vida, en las lógicas occidentales y capitalistas de la sociedad actual latinoamericana, en especial en Colombia, puede ser de difícil acceso en términos de construcción de paz, ya que las dinámicas económicas y políticas de la relación ser humano-naturaleza son complicadas en cuanto se ha asumido un modelo de desarrollo basado en la extracción de la vida en vez de su protección, es decir, hay un proceso ya avanzado de colonización (que de hecho es histórico en Latinoamérica) de las diversas formas de expresión de vida, lo que implica que para llegar de alguna manera a la construcción de paz desde esta postura, implicaría primero un proceso de desestructuración del poder y de las lógicas de vida, es por ello que la concepción de paz desde la justicia social y la de la armonía suelen encontrarse en el escenario de la organización y lucha social.

Las anteriores concepciones de paz, permiten entender que la construcción de paz desde la educación popular, debe permitir cuestionar en un primer momento cómo se entiende la paz para después comenzar a cuestionar el cómo se puede construir. La construcción de paz desde las lógicas de la educación popular como epistemología que nace desde y para la disputa del poder popular, permite direccionar el ejercicio práctico y reflexivo, esto al resaltar  la voz de los actores sociales que en medio de sus cotidianidad y proceso histórico de vida dan sentido a la palabra paz, que puede ser enunciada de múltiples formas, pero de alguna manera coincide en la dignificación y/o protección de la vida.

El Carnaval por la Vida y la Paz permitió, en medio de sus diversas actuaciones y reflexiones, generar vínculos más allá del de compañeros y compañeras de trabajo organizativo de base, puesto que posibilitó fortalecer las relaciones de amistad entre las personas que mantuvieron al Carnaval en el corazón de sus planeaciones y que por ende implicaba un encuentro continuo de reflexión y acción en ciudad ya fuera desde el Carnaval en conjunto o desde cada una de las organizaciones, iniciativas e instituciones que hacen parte del Carnaval: 

“Carnaval no sólo es un grupo de organizaciones sino que es un grupo de amigos, que se interesan el uno del otro y que se ayudan en cosas personales, que se interesa y se importa, y yo creo que eso tiene que hacer parte de las organizaciones sociales, porque no vamos a transformar nada sino no nos transformamos a nosotros mismos en nuestras relaciones cotidianas.”

Entrevista con una Socióloga y lideresa del Carnaval por la Vida y la Paz, 2019.

El Carnaval como experiencia de construcción de paz, ha demostrado, en especial desde lo vivido en el año 2018, que las formas de organizarse desde lo social deben permitir que allí se gesten relaciones de amorosidad, amistad y compañerismo, y que estos vínculos deben reflejarse en las reflexiones y acciones que se hagan, es decir, que se debe reflexionar con amor y ver al  otro no como un desconocido y ajeno a las realidades a transformar. Uno de los grandes hallazgos del proceso organizativo del Carnaval es que es un espacio no físico que posibilita el encuentro y reconocimiento de las indignaciones de los otros, lo que permite asumir las diferentes luchas que traen las organizaciones como propias, lo que genera que ya no se piense desde la individualidad sino en colectivo:

“Yo siento que Carnaval se Convirtió en una excusa para construir, para tejer relaciones, de hecho cuando yo llegué a Carnaval conocía a varios, pero no tenía una relación cercana con los que tengo ahora. Yo siento que esa es como la potencia y la fuerza del Carnaval que no es solo el pensarnos acciones sino que es una excusa para tejer relaciones alrededor de algo que nos duele, pero que además somos conscientes que desde el amor y la unión con el otro es posible tejer más fácil. Esa es la potencia que tiene el Carnaval en este momento que no se puede dejar. Yo he estado en muchos proceso de construcción de redes de la ciudad y en el departamento y nacional, o sea donde muchas organizaciones e instituciones intentamos como construir red para hacer cosas y esas cosas se caen, no funcionan y siempre la pregunta es ¿pero por qué? ¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué es que no se puede? Y aquí ha sido distinto, porque nunca hemos hablado de construir una red, nunca hemos hablado teóricamente de esto como una red y que va a funcionar  así nada, aquí lo que decimos es estamos todos y nos vamos ayudar, usted que necesita que yo lo apoyo y fuera del espacio tomémonos un café cómo que está mal y qué le está pasando y no sé qué, cómo que entro a estudiar, entonces se ha tejido una relación de confianza entre todos que  nos ha permitido que el Carnaval no se caiga, coja fuerza y además de que tomemos la decisión de no podemos dejar que se acabe, sino que es importante y tiene que seguir, y sin querer y si lo logramos tejeríamos la primera red exitosa en Manizales, donde están varias organizaciones y cooperando a cada una de las organizaciones, sin decir que somos una red, técnica y teóricamente es una red, pero una red que se ha tejido a través de las relaciones y a través del confiar en el otro. Las redes funcionan si hay unas relaciones de confianza que transverzalicen todo, y eso es lo que está pasando con Carnaval, lo que hay de fondo es una relación de amistad.”

Entrevista con una Trabajadora Social y lideresa del Carnaval por la Vida y la Paz, 2019.

El Carnaval como lo menciona la lideresa en el anterior relato, no se ha asumido ni como una red o una plataforma de organizaciones sociales, aunque desde lo teórico lo parezca, esto porque su esencia desde su nacimiento ha sido ir más allá de la red o la plataforma, es más una excusa de encuentro, del poder tener como pretexto un conjunto de sentimientos y necesidades  que se materializan en un nombre que es Carnaval por la Vida y la Paz, el cual permite se dé el dialogo frente a las diferentes injusticia, inequidades y desigualdades en Manizales y el país, y que así mismo se gesten acciones populares para dar respuesta a aquello con lo que no se está de acuerdo, pero aún más importante, que permite entrelazar las vidas de esas personas que se indignan y se atreven a colectivizar sus sentimientos. 

Hasta el momento, puede decirse, de acuerdo a lo ya expuesto desde el Carnaval, que la construcción de paz es potente en cuanto el mismo proceso permita entrelazar las vidas de quienes defienden la paz desde el amor y la amistad, es decir, que la paz es un camino que puede ser mejor transitado en cuanto posibilite no seguir viendo al otro como extraño o de  hacer propia la lucha de los otros procesos organizativos de base que se gestan en la ciudad.

Construir Paz es un reto en cuanto  es un proceso que no se aprende en la lectura de los  libros, sino que es algo que se da en la reflexión y acción diaria, en los contextos inmediatos de la vida social. La Paz, en cuanto construcción humana, es compleja y en constante re-estructuración, es decir no es estática, lo cual permite asumir que las acciones de paz que se adelantan desde cada organización que pertenece al Carnaval, las acciones del Carnaval y las del  Servicio Social, se ven enfrentadas al constante bucle acción-reflexión-reestructuración de la acción.

Construir paz, desde las lógicas de los procesos organizativos y formativos de base, implica asumir que la paz no llega al territorio y se implanta, sino que se va construyendo en el territorio al partir de las lógicas culturales, políticas y sociales bajo el cual este interactúa, es decir, que la paz se territorializa.

La paz desde el Carnaval y el Servicio Social es una construcción constante que debe hacerse desde la realidad de los territorios, es decir, desde las escuelas, los barrios, las comunas y la ciudad en general, no es algo que se construye desde los escritorios  y que se queda allí. La paz es necesario asumirla como reflexión y acción política:   

“Nos trajimos el discurso de la paz, y dijimos la paz tiene que ver con todo este territorio que es Manizales y la paz  tiene que ver con las comunas de la ciudad y con los barrios y con los parches y con las organizaciones, yo siento que eso es un aporte gigante, y siento que bajamos la paz de por allá de las alturas de la nebulosa, se la quitamos al cristianismo y a las creencias religiosas y dijimos la paz es política y la paz tiene que ver con nosotros.”

Entrevista con una Socióloga y lideresa del Carnaval por la Vida y la Paz, 2019.

 “La paz se construye desde la comunidad, pueden estar discutiendo gobierno que… pero nosotros estamos construyendo paz desde nuestros procesos, desde la comunidad, desde el territorio, desde ahí es que se empieza a construir todo.”

Entrevista con una Lideresa del Carnaval por la Vida y la Paz.

Asumir la paz como reflexión y acción política, implica reconocerla como escenario de poder que aboga por la vida digna, donde es posible cuestionar la realidad social desde lo cotidiano o lo estructural. Si los procesos de construcción paz, posibilitan la reflexión sobre las necesidades que impiden que la vida se de en dignidad y promueve que desde la base social se gesten acciones que busquen dar respuesta a dichas necesidades, se contribuye a un equilibrio del poder de decisión sobre la vida, es decir, se territorializa la paz y el ejercicio político:

“La metodología propuesta por el equipo humano que nos acompañó durante el programa, fue acorde a las necesidades conceptuales y contextuales de los y las jóvenes del grado 9-3. Puedo afirmar que mejoró los procesos académicos dentro y fuera del aula, al potenciar en los estudiantes la capacidad de expresar sus sentimientos, pensamientos y movilizar ideas que aportaran a la sana convivencia de las comunidades de las que hacen parte. Se identificaron como ciudadanos activos, responsables y comprometidos con el acontecer cotidiano de sus contextos motivo por el cual considero de gran importancia del programa.”

Narrativa Profesora Institución Educativa Liceo Mixto Sinaí, Cartilla Tejer paces: una experiencia de potenciación de la subjetividad política para una territorialización de la paz con Jóvenes en Manizales a partir del proceso Servicio Social para la Paz, 2018, pág. 18.

Finalmente, la construcción de paz a partir de un proceso de intervención desde la  educación popular, debe entenderse como un proceso político en cuanto posibilita la disputa por el poder enunciar desde los sectores y luchas populares la realidad vivida desde la injusticia, desigualdad e inequidad que imposibilitan una vida digna y que por ende no permiten que los proyectos vitales de comunidades, grupos sociales y sujetos se den de manera adecuada.

La educación popular, al permitir confrontar las formas lineales y solo racionales de generar y circular el conocimiento, posibilita que en los procesos de construcción de paz se abra pasó al emocionar donde el amor y la amistad como puentes que facilitan el tejer nuevas formas de relacionamiento en los procesos políticos. También, asumir la construcción de paz desde el reconocer la participación de las realidades culturales, políticas y sociales de los territorios donde se desarrollan las acciones de paz, posibilita hablar de una oportunidad de territorialización de la paz.

Resultados.

El Trabajador Social en los procesos de construcción de paz, que se gestan desde las bases sociales, está llamado a cumplir la función de tejedor de paces sin desligarse de su rol como educador social. Ser Trabajador Social en los procesos de construcción de paz  que se generan desde procesos organizativos de base  de naturaleza popular, como es el caso del Carnaval por la Vida y la Paz y el Servicio Social para la Paz, implica reconocer que la paz se construye de manera colectiva y desde las indignaciones que surgen a partir de los contextos de desigualdad, inequidad e injusticia social.

Estos procesos de construcción de paz que lideran procesos organizativos de base y que se guían de acuerdo a las consignas de la lucha popular y que se recrean en el escenario cotidiano de lo comunitario, permiten poner en tensión las realidades impuestas por el sistema-mundo capitalista y patriarcal; es decir,  que las acciones de paz que nacen en estas construcciones de paz, son actos de denuncia social que abogan por el derecho a una vida digna para un bien-estar común, es por ello que estos procesos van en contra de la violencia en todas sus expresiones, de los sistemas de dominación y lógicas de exclusión que más allá de poner barreras a las formas de vida, tratan de aniquilar la vida, a partir del discurso del desarrollo económico. El Trabajador Social que hace parte de este tipo de procesos de construcción de paz, debe dar paso, a partir de su rol como educador social a la posibilidad de una función como tejedor de paces, que permita entrelazar las vivencias, los saberes de acción, los sentidos, las creaciones de las experiencias de paz, para de esta manera potenciar estas acciones y procesos.

Kisnerman  (2005) va decir que el rol de educador social que cumple el Trabajador Social en los procesos de intervención en lo social, deben ser guiados de manera tal que abran la posibilidad de que los actores sociales que participan del proceso, se vuelvan protagonistas de la transformación de sus problemas, lo cual quiere decir que el Trabajador Social como educador social esta retado a permitir el nacimiento de reflexiones que cuestionen la realidad del contexto inmediato donde estos actores sociales identifican sus inconformidades.

Este rol permite, en los procesos de construcción de paz como los desarrollados en le Carnaval y el Servicio Social, cuestionar prácticas y movilizar acciones en pro de hacer que los procesos se lleven a cabo de la mejor manera. Es por lo anterior, que la función del Trabajador Social como Tejedor de Paces, es idónea para los procesos de construcción de paz que abogan por el bienestar social de los sectores populares, porque va permitir no solo incentivar a través del rol como educador social la reflexión crítica de la realidad y a movilizar acciones, sino propiciar un constante dialogo de saberes entre los actores sociales.

 Es por lo dicho hasta el momento, que La práctica del Trabajador Social en los procesos de construcción de paz, es política e implica una construcción colectiva que permita el dialogo de saberes. Hacer alusión a una práctica profesional de naturaleza política, es como lo va decir Kisnerman (2005), hacer alusión a una práctica que esta inserta en las relaciones de poder, lo cual implica reconocer que la construcción de paz es también ante todo política, esto porque se da en el escenario de disputa del poder-vivir, poder-ser, poder-expresarse, poder-hablar, poder-exigir, poder-proponer, poder-elegir; es decir, de una lógica de un poder popular, tal como lo va mencionar  Mazzeo (2016), como la capacidad que tienen las clases subalternas de exigir la posibilidad de una sociedad mejor y por ende de una vida digna. 

Las acciones colectivas como expresión de acciones entre sujetos que unen sus indignaciones en pro de la búsqueda de respuestas a sentimientos de desesperanza, es la posibilidad de hacer que las voces tengan ecos que lleguen más allá de las distancias, a las conciencias de quienes no son parte de la acción colectiva pero que la ven y leen. Es por ello, que el Trabajo Social en su rol como educador social y en su función como tejedor de paces, debe incitar en los procesos de construcción de paz, que las acciones sean una puerta al  dialogo de saberes, donde tanto actores sociales como el Trabajador Social se permita hablar y construir con otros, en cuanto se entiende que la acción colectiva es colectiva siempre y cuando exista en ella diversidad, pluralidad y dialogo. Bien va especificar Kisnerman (2005), que el Trabajador Social que se atreve a construir de manera interdisciplinar y de sujeto-sujeto con los actores sociales, se abre paso a descubrir caminos que permitan comenzar a dar respuesta a las necesidades que evocan los problemas sociales que movilizan su acción. 

Es así, que Los procesos de intervención del Trabajador Social,  basados en la educación popular, tienen como horizonte movilizar y/o potenciar acciones colectivas con un enfoque de emancipación, que partan desde el reconocimiento de las indignaciones de los actores participantes. Las indignaciones son motor de las acciones emprendidas desde el Carnaval por la Vida y la Paz y el Servicio Social para la Paz, es por esta razón que hablar de las indignaciones en estos procesos de construcción de paz implica hablar también de la capacidad de reconocer la sensibilidad ante la realidad que es compleja, en cuanto es una amalgama de interconexiones de formas de vida y, complicada porque la hegemonización del opresor en relación al oprimido, hace que la vida sea difícil.

El Trabajador Social al ejercer su rol ya no solo como un educador social, sino, como un educador popular hace de su práctica una acción política, de lucha social y popular, lo cual es una elección personal del profesional, quien ya no se mueve en el deber por el deber, sino el compromiso hacia la realidad del otro asumiéndola como propia. El Trabajador Social que se posiciona desde la educación popular, como lo propone Guevara (2015): 

“(…) debe implementar una pedagogía emergente, que rompa con esquemas tradicionales, donde el participante asuma su papel protagónico y reconozca sus potencialidades, buscando formarse como sujeto de transformación. Es decir, un trabajador social consustanciado con las demandas del clima cultural actual, donde la inclusión del participante, realmente promueva en él iniciativas en pro de su crecimiento, cambio y transformación.”

Guevara, 2015, pág. 322.

            Asumir la educación popular como un locus de enunciación en el ejercicio profesional del Trabajo Social, implica asumir los procesos de intervención en lo social como la posibilidad de dejar que la realidad social toque al profesional con la sensibilidad de los sentidos, saberes, sabores y experiencias, además de entender que el Trabajador Social es obra y parte del mismo proceso de intervención, lo que implica que también debe ser tocado y transitar a la transformación en compañía de los actores sociales y las realidades sociales.

Es por esta magia que permite la educación popular de hacer-nos parte del proceso de construcción hermanada de la transformación social, que se puede afirmar que la educación popular posibilita la territorialización de la paz, en cuanto permite que los actores sociales involucrados en los procesos de construcción de paz, tejan una relación entre las acciones de paz y el territorio que habitan, al hacer que sus prácticas, sentidos y emociones que configuran  las dinámicas sociales y culturales de su contexto comiencen a ser reflexionadas desde la necesidad de vivir en paz. La educación popular no necesita ser enunciada para reconocer mediante la acción que es educación popular, el Carnaval por la Vida y la Paz y el Servicio Social para la Paz, llegan a los sectores populares con acciones claras de emancipación política, con la necesita explicita de hacer realidad la transformación social, esto al emplear acciones pedagógicas que permitan la reflexión y la crítica. 

López Levi & Figueroa Díaz (2013), van a decir que la territorialización implica una conexión de los sujetos con la tierra que habitan, y que esta conexión está en un constante proceso de regeneración, transformación y construcción. La territorialización, desde la visión de las autoras, implica una construcción cultural que se hace sobre el territorio, que se habita y se adapta de acuerdo a las demandas y necesidades. Al tener en cuenta esto, la territorialización de la paz implicaría una construcción cultural de la paz en los territorios. La paz como cultura, que permitiría que las relaciones, dinámicas y procesos sociales que se den, fluyan y garanticen la vida, como pilar de la construcción de paz.

La Paz como se ha mencionado hasta el momento se construye desde las acciones de base al partir de las indignaciones que sienten las personas que movilizan los procesos organizativos y de formación social, que responden a una naturaleza de poder popular, sin embargo, construir paz desde los procesos organizativos de base no solo implica el reconocimiento de los problemas sociales a los cuales se debe dar respuesta, ya que implica también, reconocer que el organizarse a partir de las indignaciones posibilita tejer relaciones de amistad que permiten afianzar los procesos organizativos y por ende la construcción de paz.

La amistad surge en el escenario de la construcción de paz como la posibilidad de fortalecer los procesos, de unir a los sujetos, de hacer que el existir desde el resistir sea desde la compañía de otro, otra y otros que comparten y hacen parte de su vida no solo a las indignaciones, sino al sujeto que da amor y tiene la capacidad de recibirlo, es decir al compañero de lucha. Cabrera Amador (2014) va a plantear que:

“(…) el lazo de amistad, además de ser un referente fundamental de la lucha política, no requiere, para su conservación, de manifestaciones o pruebas que den respaldo a la existencia del vínculo de amistad. Más bien, está en juego la proximidad descrita en términos de esa “gran familia”, familia no consanguínea sino elegida. Proximidad que en los términos en que hemos definido a la amistad nos arroja al otro partiendo de aquello que nos es propio, en cuya matriz está presente la experiencia de lo vivido en común. Ahora bien, a la vivencia compartida como referente de la amistad (…) se añade otro aspecto esencial (…) Se trata de la idea de que un lazo que se produce a partir de la participación en una acción colectiva de esta naturaleza no necesita renovarse para mantenerse vigente.”

Cabrera Amador, 2014, pág. 53.

 Construir paz desde la educación popular posibilita entender que la paz solo será posible si en su construcción existen vínculos que permitan hacer de esa acción política una acción que permita tejer entre las  personas sentimientos de amistad. La construcción de paz desde las lógicas de la educación popular, implica un camino desde la acción política, comunitaria y organizativa, esto para hacer que la paz habite en el territorio y en las personas que lo habitan.

En conclusión,  el proceso desarrollado desde el Trabajo Social, a partir de una metodología basada en la educación popular, permite potenciar procesos de construcción de paz como los desarrollados desde el Carnaval por la Vida y la Paz y el Servicio Social para la Paz, en compañía de los actores sociales, porque facilita el dialogo de saberes, el reconocimiento de las indignaciones como motores para la acción, clarifica la función del tejedor de paces como posibilidad de entrelazar saberes y experiencias de paz, facilita el proceso de territorializar la paz y esclarece al igual que potencia los vínculos de amistad como fortaleza de los procesos organizativos y las acciones de paz. 

Bibliografía.

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Diálogos para una construcción de paz territorial en el contexto colombiano.

“La comunidad no es, se hace. Cada día, a través del hacer colectivo de varones y mujeres, niñas, niños y ancianos, quienes al trabajar re-unidos hacen comunidad, hacen lo común. Reducir la comunidad a institución, hecha de una vez para siempre, instituida, oculta que los trabajos colectivos son los que le dan vida, sentido, forma y fondo al hecho comunal. Optamos, entonces, por decir hacer comunidad en vez de ser comunidad”.

Raúl Zibechi, 2019.

Nota: Este documento fue construido y empleado en el proceso de escritura del Marco teórico y los Lineamientos de la Política Pública de Cultura del Municipio de Manizales, Caldas.

La construcción de paz territorial en Colombia acercamientos a un concepto polisémico.

Hablar de paz en Colombia implica reconocer que esta es importante en el contexto nacional de acuerdo a los conflictos que se han gestado de manera histórica, en especial el conflicto armado que tiene connotaciones político-económicas de suma importancia marcando la historia y la construcción socio-cultural de los colombianos. La paz en Colombia es importante en la medida que permite cuestionar la posibilidad de una nación distinta, de pensar una generación con posibilidades diferentes a los agravios que hereda los campos de batalla y en síntesis de iniciar un proceso de transformación que pase de una cultura de la violencia a una cultura de la paz, para lo cual es necesario asumir a la categoría de paz como una responsabilidad política, donde se pone en juego las manifestaciones del poder y las formas como se toman las decisiones de cara a las necesidades vitales del presente y del futuro, considerando la memorias del ayer.

Reflexionar y actuar asumiendo la construcción de paz, implica la comprensión de esta como un compromiso histórico. La paz es una construcción social que surge a partir de las expresiones humanas más violentas, la cual ha mutado a través de la historia adquiriendo una esencia polisémica, es por ello que es necesario delimitar a qué tipo de paz se hace referencia y desde que tendencia, posturas políticas y orientaciones de acción se va asumir. En este sentido, se plantea poner a conversar dos visiones de paz, una desde el enfoque liberal y la otra desde el enfoque socio-critico.

La paz liberal, como aquella paz, que centra su interés en la institucionalidad y la visibilización de la estructura como determinante a la hora de hacer alusión a la construcción de paz como ausencia de guerra, pero que al tener una visión institucional suele dejar por fuera las necesidades de los territorios. La paz desde la postura socio-critica, propone una acción y reflexión desde los territorios y con las poblaciones que allí interactúan, es decir plantea una forma horizontal de construir la paz.

Para entrar en el dialogo, es necesario enunciar algunas formas de entender la paz, en especial su construcción, esto desde la visión tríadica que proponen: Johan Galtung con la paz directa, estructural y cultural; y, Angélica Rettberg con la visión de construcción de paz maximalista, minimalista e intermedia.

En este sentido, se puede entender a la paz como un conjunto de anhelos de carácter social, político, cultural, económico y ambiental, que emanan de conflictos, donde existen escenarios de violencia que se dan en procesos, dinámicas y estructuras sociales. Dichos anhelos están relacionados con la transformación estructural de la violencia por medio de la resolución creativa de los conflictos, donde el proceso de transformación se da a partir de un conjunto de decisiones colectivas que dotan a la paz de carácter político.

La paz es una posibilidad de reflexión territorial de cara a las acciones y expresiones vitales en un lugar determinado, donde se configuran necesidades que al ser resueltas posibilitan la vida y con ello el cumplimiento de los derechos humanos y naturales en lógicas de justicia y equidad social. Sin embargo, es válido aclarar que la paz es una creación humana que principalmente busca explicar y dar prioridad a acciones que posibiliten un bienestar; sin embargo, esto no implica la negación de las demás expresiones de vida, que también entran en las lógicas de una construcción de paz.

Se propone una explicación de la paz a partir del triángulo de las violencias propuesto por Johan Galtung, el cual se compone por: la violencia directa, que hace alusión a aquellas acciones que afectan de manera física y subjetiva, como golpes, insultos, tortura, bullying, etc.; b) violencia estructural, es una dominación que funciona en las estructuras y las instituciones de la sociedad, que se manifiestan en la coaptación de la conciencia, reflexión y acción de las personas negándoles la posibilidad de acceso a la justicia, dignidad, equidad y libertad, un ejemplo es la pobreza. Este tipo de violencia tiene una relación cercana con los sistemas políticos y económicos; y, la violencia cultural, que en palabras de Galtung es (…) cualquier aspecto de una cultura que pueda ser utilizada para legitimar la violencia en su forma directa o estructural. (pág. 147); es decir aquellos aspectos simbólicos como el lenguaje, el arte u otra expresión que se materializa en una ideología o religión.

En la manera como cada violencia opera y afecta las dinámicas, procesos y estructuras sociales, debe existir una lógica de paz que posibilite pensar y actuar de manera tal que se nieguen dichas expresiones de violencia, es entonces, donde Johan Galtung propone otro triangulo, pero de tres tipos de paz, siendo estas: la paz directa, la paz estructural y la paz cultural. El autor, ya mencionado, va decir que la:

“(…) paz cultural engendre la paz estructural, lo que se traduce en relaciones simbióticas, equitativas entre los diversos socios; y la paz directa se manifieste en actos de cooperación, amistad y amor. Podríamos estar ante un triángulo virtuoso en lugar de vicioso, que, además, se auto-refuerce.”

Johan Galtung, S.f, pág. 168.

El aporte de la concepción de paz de Johan Galtung permite entender la categoría de paz como una construcción compleja resultado de las dinámicas sociales que el ser humano ha gestado y que esta no está ajena a las vivencias cotidianas, instituciones y construcciones simbólicas. Al tener en cuenta lo anterior, vale preguntarse lo siguiente ¿A qué tipo de paz se hace referencia cuando se habla de una construcción de paz en Colombia, a una paz directa, estructural y/o cultural? Para comenzar a dialogar en torno a esta pregunta, es pertinente referenciar a la politóloga Angélica Rettberg, la cual va decir que la construcción de paz es un proceso contextualizado; es decir, que parte desde el reconocimiento de las dinámicas particulares de los territorios donde se pretende iniciar un proceso de instaurar la paz como estrategia para transformar los conflictos y lo que implican en muchas ocasiones dichos conflictos, como por ejemplo los escenarios de violencias. La autora, va expresar entonces que, en un contexto como Colombia, se habla de una construcción de paz que implica:

“(…) actividades que van desde desarmar a ex combatientes, destruir armas y remover minas antipersonales, hasta repatriar refugiados, monitorear elecciones, proteger el medio ambiente, avanzar en la protección de los derechos humanos, reformar y fortalecer las instituciones gubernamentales y judiciales, apoyar la reconciliación de la sociedad y promover procesos formales e informales de participación política.”

Angélica Rettberg, 2003, pág. 16.

Lo que plantea Angelika Rettberg de la construcción de paz, tiene una total relación con las tres paces que propone Johan Galtung, esto de tal manera que, la paz directa implica el desarme, la paz estructural la protección de los derechos y la participación ciudadana y, la paz cultural los procesos de reconciliación. Aunado a esto, esta politóloga, propone tres visiones de entender los procesos de construcción de paz en momentos de resolución de conflictos, los cuales son: visión maximalista, visión minimalista y visión intermedia.

La visión maximalista, resalta que la construcción de la paz debe ser un proceso que facilite entender que la paz solo es posible si existe la justicia social y con ello la equidad, lo cual resume en bienestar para todos los habitantes de un determinado territorio, para esto es necesario actuar desde una postura trasformadora en las estructuras institucionales y sistémicas, esto porque estas determinan las lógicas en las que el territorio se configura; en este sentido, la autora va decir que es necesario una “remoción de secuelas del conflicto y reformas institucionales y estructurales de fondo (incluyendo reformas del Estado y del sistema económico).” (2003, pág. 19). Para esta visión, Angelika Rettberg, resalta que el proceso de construcción de paz es a largo aliento.

La visión minimalista, apuesta por un cese de las hostilidades; es decir, por una ausencia de acciones directas transgresoras de la integridad humana y en general de la vida y, la asunción de medidas para evitar el conflicto, esta visión a diferencia de la anterior, que propone una re- estructuración, plantea un ejercicio de prevención. Esto porque según la autora, esta construcción de paz está direccionada a la “reparación de secuelas directas del conflicto (reconstrucción de infraestructura, retorno de refugiados, remoción de minas) y eliminación de incentivos para la continuación del conflicto (control de minas de diamantes, tráfico de narcóticos).” (2003, pág. 19). El tiempo de construcción de paz en esta visión es a corto plazo, ya que son acciones concretas respecto a necesidades directas.

La visión intermedia, es la unión de la visión maximalista y minimalista, donde se propone un cese de las hostilidades con una reestructuración estratégica de las lógicas sociales y económicas. De este tipo de construcción de paz, Angelika Rettberg, va decir que es necesario realizar acciones de “reparación de secuelas del conflicto y reformas estructurales “estratégicas” (sistema electoral, administración de justicia, buen gobierno y mecanismos de resolución pacífica de disputas) para “nutrir” la paz.” (2003, pág. 19). Este proceso de construcción de paz, va mencionar la autora, que se da en mediano plazo, es decir sobre la marcha.

Las anteriores visiones que platea Angelika Rettberg, contemplan una forma de entender la construcción de paz en el contexto colombiano, en esa lógica y en la que plantea Johan Galtung sobre las tres concepciones de paz, es importante proyectar que para Colombia es necesario reflexionar desde una intercepción de las tres paces de Galtung y la denominada construcción de paz intermedia de Rettberg, esto, porque permite entender que la paz es un conjunto de acciones y reflexiones encaminadas a la dignificación de la vida, las dinámicas de poder y construcción simbólica de la realidad, y en esta medida, la construcción de paz implica no sólo contrarrestar la violencia directa sino contemplar la re-construcción de las lógicas establecidas de cómo se debe direccionar la vida. Dicho brevemente, la construcción de paz en Colombia, implica entender que esta es un proceso político de cuestionamiento constante a las lógicas de opresión que se manifiestan en diferentes tipos de violencias.

Al tener claro los conceptos de paz y construcción de paz, es necesario aclarar a qué se hace referencia cuando se habla de lo territorial en la construcción de paz; es decir, es necesario hablar de la territorialidad y porqué esta es tan importante en la construcción de paz, es por ello, que se traen al dialogo a Gustavo Montañez Gómez y Ovidio Delgado Mahecha, los cuales plantean que:

“La territorialidad (…) se refiere al “conjunto de prácticas y sus expresiones materiales y simbólicas capaces de garantizar la apropiación y permanencia de un determinado territorio por un determinado agente social, o Estado, los diferentes grupos sociales y las empresas” (Lobato Correa, 1996: 252, en traducción). La territorialidad se asocia con apropiación y ésta con identidad y afectividad espacial, que se combinan definiendo territorios apropiados de derecho, de hecho y afectivamente. La superficie de la Tierra está recubierta de territorios que se sobreponen o se complementan, derivando en diversas formas de percepción, valoración y apropiación, es decir, de territorialidades que se manifiestan cambiantes y conflictivas. Las lealtades al territorio nacen del grado de territorialidad, y en un mismo espacio se pueden yuxtaponer varias lealtades a distintos actores territoriales.”

Gustavo Montañez Gómez y Ovidio Delgado Mahecha, 1998, pág. 124.

De esta manera, puede entenderse como paz territorial, al conjunto de acciones y reflexiones encaminadas a la dignificación de la vida, las dinámicas de poder y construcción simbólica de la realidad, direccionados a la transformación estructural de la violencia por medio de la resolución creativa de los conflictos, donde el proceso de transformación se da a partir de decisiones colectivas entre las personas que interactúan en un territorio, en el que han construido afectividades, apuestas políticas e identidades.

Sin embargo, la paz territorial en Colombia ha contado con dos enfoques, uno institucional y otro comunitario. El enfoque comunitario, se ha configurado como la respuesta inmediata de las comunidades en resolver sus propias problemáticas, distanciándose o estableciendo alianzas estratégicas con el gobierno, esto con la intención de realmente construir paz en sus territorios de acuerdo a sus construcciones socio-culturales.

El enfoque institucional, por el contrario, ha orientado la paz territorial en un intento de descentralizar la construcción de paz; no obstante, no ha resuelto de manera eficiente las necesidades de las poblaciones, esto porque las lógicas en las cuales se dan los procesos de construcción de paz obedecen a las dinámicas políticas y económicas gubernamentales, lo que significa que está supeditada a las jerarquías en las cuales se organiza y estructura las instituciones del gobierno, lo que genera que la mayoría de las poblaciones no confíen en los procesos que desde allí se emprenden, ya que históricamente estas instituciones han incumplido o utilizado a las poblaciones como respuestas a indicadores y no han concertado lecturas de realidad que realmente permitan cuestionar y solucionar los problemas que les aqueja.

Un caso ejemplo, de los dos tipos de enfoques de paz territorial anteriormente enunciados, se evidencia en el proceso de paz entre el gobierno colombiano y las Farc antes, durante y después del acuerdo final firmado en el teatro colon en el año 2016, el cual fue respaldado por los movimientos, acciones colectivas, académicas y comunitarias que han estado en desacuerdo con el conflicto armado colombiano.

Antes del acuerdo; es decir, en los 50 años de enfrentamientos armados y de disputas políticas, fue visible dos formas diferentes de entender la construcción del territorio y en este la construcción de la paz, Los movimientos sociales y diferentes acciones ciudadanas y políticas, demostraron desde sus inicios la defensa por una democratización de las tierras y el reconocimiento de los derechos de los pueblos históricamente marginados en el país como indígenas, afro y campesinos.

En cuanto al gobierno siempre planteó su lógica distributiva de la tierra basados en los principios de la igualdad y la construcción de paz desde la negación de sus ausencias en los territorios y fundamentada en la guerra; Durante el proceso de paz realizado en la Habana Cuba, tanto el gobierno como los procesos colectivos comunitarios, académicos, movimientos sociales y políticos demostraron que sus posturas diferían en las formas como debían participar los colombianos en la construcción de la paz. El gobierno poco interés mostró en la construcción de mesas de trabajo sectoriales, a diferencia de las acciones colectivas y comunitarias que se aventuraron en a liderar diagnósticos participativos con víctimas, mujeres, jóvenes y comunidades étnicas. Después de firmado el acuerdo, y en pleno proceso de implementación, es donde se ha hecho notable la disonancia entre qué entiende cada actor sobre una construcción de paz territorial, en relación a esto, se asume que:

“(…) la paz territorial que este acuerdo pretendía construir ha tenido que enfrentar retos de gran envergadura como el asesinato sistemático de líderes sociales, el fortaleci-miento de organizaciones armadas como el Ejército de Libe-ración Nacional (ELN) y el Clan del Golfo, y la aparición de nuevos grupos violentos como los Caparrapos en el sur de Córdoba, probablemente financiados por carteles mexicanos. Así mismo, en dos de las cuatro subregiones priorizadas pa-ra la puesta en marcha de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) hay presencia activa de actores armados además de infracciones al Derecho Internacional Humanitario (DIH) y rentas ilegales.”

Trejos Rosero, Badillo Sarmiento y Irreño Quijano, 2019, pág. 10.

A partir de lo anterior, es necesario detallar sobre la definición de la paz territorial del gobierno y la que se contempla en los Acuerdos de Paz firmados en el Teatro Colon, esto porque, da cuenta de la forma como se está tratando en la actualidad el tema en Colombia, el cual esta intrínsecamente relacionado con lo acontecido en el proceso de dialogo y firma del acuerdo de paz.

La paz territorial que enuncia el gobierno colombiano, parte por entenderla como una preocupación por los derechos y el territorio, donde los derechos se asumen como un conjunto de garantías basadas en la igualdad, los cuales nacen desde las instituciones, que deben posibilitar la convivencia y la cooperación, así como también bienes públicos y privados que abran camino a la respuesta de las demandas de las poblaciones.

La paz territorial, desde la visión del gobierno es entendida como una integración territorial que implica una construcción conjunta, entre el gobierno y las comunidades, de instituciones territoriales, las cuales son posibles construir solo si los colombianos son conscientes de sus derechos. Esto desde un enfoque de derechos territorial, que son entendidos como movilizaciones de la población hacia la paz, entendiendo a la paz como una decisión, refuerzo de las normas y una posibilidad de cambio que es posible solo por medio de la democracia, y que es así misma momentánea, de esta manera lo enuncia Jaramillo (2014) al decir que se entiende a “(…) la construcción de la paz como un ejercicio para reforzar normas y hacer valer derechos (…) (pág. 6) y que “(…) la paz es una decisión. Una decisión por el futuro y en contra del pasado. Se necesita que la gente en las ciudades y en las regiones se mire al espejo y diga: prefiero la paz.” (pág. 8).

En cuanto a la concepción de paz territorial planteada en el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, se plantea que el:

“(…) enfoque territorial del Acuerdo supone reconocer y tener en cuenta las necesidades, características y particularidades económicas, culturales y sociales de los territorios y las comunidades, garantizando la sostenibilidad socio-ambiental; y procurar implementar las diferentes medidas de manera integral y coordinada, con la participación activa de la ciudadanía.”

Acuerdo de paz, 2017, pág. 6.

“El enfoque territorial, diferencial y de género que implica reconocer y tener en cuenta las necesidades, características y particularidades económicas, culturales y sociales de los territorios, de las mujeres en todo su ciclo vital, de las comunidades rurales y de grupos en condiciones de vulnerabilidad, garantizando la sostenibilidad socio-ambiental.”

Acuerdo de paz, 2017, pág. 11.

Finalmente, la construcción de paz territorial en Colombia, es una apuesta política que requiere ser entendida así misma como compleja y de esta manera como construcción múltiple, que implica entender que la construcción de paz en el territorio no sólo significa nutrir las lógicas institucionales y garantizar la igualdad, sino que contempla, poder garantizar la dignificación de las vidas, lo cual conlleva descentralizar el discurso y la acción de la paz; es decir, llegar a las zonas históricamente olvidadas y, entender sus lógicas vitales, sus construcciones simbólicas y las lecturas de sus necesidades. La paz territorial, no es realmente territorial solo con el hecho de enunciarla en un determinado lugar, la paz será territorial si se asume al territorio como construcción colectiva y de esta manera como presente, herencia e historia.

Hacia una paz territorial desde y para las comunidades.

Construir paz desde y para los territorios implica aceptar que las comunidades son actores claves de transformación. El enfoque de construcción territorial de la paz, debe ser entendido como la posibilidad de hacer de las narrativas diversas de las formas múltiples de la humanidad colombiana, una oportunidad de construir una paz popular que se nutra de las configuraciones culturales que tienen origen en los territorios y, que desde allí sea posible responder a las demandas de justicia, equidad y dignidad social. Para esto es necesario pensar estrategias que den representación a las comunidades, para ello se propone reflexionar alrededor de la memoria, la educación, la paz cultural y cartografía social.

La memoria, como la relación con el pasado, el presente y el futuro que permite la reflexión crítica de la historia. Es un derecho cultural, así como también una necesidad. La memoria, es una aliada estratégica en la construcción de paz territorial, porque posibilita un ir constante al surgimiento de la identidad, el dolor, la reflexión e indignación, lo cual es importante, al entender que la paz es un proceso que se gesta a partir de indignaciones que dan paso a las reflexiones y acciones del presente, con la memoria en el hoy es posible aprender del ayer para transmitir el mañana de manera tal que la paz sea heredada y no muera en el tiempo.

Educar para la paz territorial, implica una descentralización del conocimiento y el reconocimiento de los saberes comunitarios; es decir, educar desde la paz territorial, es en realidad una educación colectiva, horizontal y constante, que no se da desde la estructuración de planes curriculares, sino, desde la cotidianidad de las dinámicas sociales. Para esto, es importante entender que las comunidades son portadoras de saberes, y que son estos saberes los que deben trazar los análisis territoriales.

Hablar de Paz cultural, es hacer alusión a un proceso de transformación del lenguaje, el arte, la ciencia empírica y la ciencia formal, entre otras prácticas y formas de entender el mundo, que han sido empleadas para la eliminación de la vida. Es decir, que la cultura de paz es un proceso que no se logra de la noche a la mañana, es un proceso lento pero necesario si realmente se busca lograr escenarios de paz que den paso al dialogo y a la construcción colectiva. La cultura de paz se nutre desde la memoria, las cartografías, la educación y demás prácticas para la paz, es en ultimas un conjunto de acciones y reflexiones que posibilitan el camino a una transformación.

La cartografía social es una metodología que permite un dialogo a través de la gráfica de la identidad y las lecturas de un determinado territorio por parte de las personas que interactúan en él. Este tipo de cartografía, permite el encuentro de lo común, entendiendo lo común como lo expone Raúl Zibechi, al decir que:

“Lo común son los vínculos que construimos para seguir siendo, para hacer que la vida siga siendo vida; vínculos que no pueden ser acotados ni a institución ni a cosas (agua, tierra, natura). En este sen-tido, los llamados «bienes comunes» no son objetos, entes separados de las personas, sino esos lazos (comunes, comunitarios) que hacen posible que, por así decir, agua y tierra sigan siendo en beneficio del común/comunitario. Los «bienes comunes» son lo que hacemos para que sigan siendo bienes de uso del común.”

Raúl Zibechi, 2019, pág. 59.

La paz se construye desde las identidades y los vínculos, y cuando se habla de paz territorial, estos son fundamentales, porque trazan líneas de comprensión de las realidades comunitarias, así como de sus procesos organizativos y las maneras de resolver sus conflictividades. Es por ello, que la cartografía social, más allá de representar lo metodológico de un encuentro, es un canal de dialogo de saberes en la construcción de paz territorial.

En definitiva, hablar de una paz territorial conlleva pensar en perspectiva de transformación desde y con las personas que habitan los territorios, desde una visión colectiva, horizontal, popular, participativa y dignificante. Construir paz territorial, tiene que ser sinónimo de verdaderos escenarios de participación ciudadana.

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Una reflexión sobre la importancia de la postura crítica en el Trabajo Social Colombiano.

Quien ejerza el Trabajo Social, desde los horizontes de la postura crítica latinoamericana, en Colombia, debe acoger el llamo de las realidades económicas, políticas, culturales y sociales que configuran las dinámicas contextuales de las complejas cotidianidades de este país. Ante esto, es necesario generar preguntas que posibiliten la problematización del contexto y con ello el nutrir de las reflexiones y el tejido de prácticas profesionales, encaminadas a encontrar en los procesos de intervención en lo social, vías que den rienda suelta a caminos que no solo permitan el cambio sino la transformación.

Es un deber ético-político del Trabajo Social re-conceptualizado latinoamericano, ejercido en Colombia, mantenerse a la vanguardia de las demandas que suscitan los múltiples escenarios en los cuales se desenvuelve el Trabajo Social como campo de conocimiento pero de cara al beneficio del pueblo, de la gente de a pie, del común, no del sistema que oprime y devalúa la vida.

No será posible ejercer la práctica profesional crítica sin constantes reflexiones y las reflexiones no serán viables sin preguntas que permitan problematizar el contexto, en este sentido, son las preguntas las que deben permitir renovar la crítica. Avivar la pregunta como posibilidad de la crítica, es el reto constante del ejercicio profesional reflexivo y propositivo de cara al compromiso político que asumió el Trabajo Social en la época de la re-conceptualización, el ideario de transformación social que se defendió con tanta gallardía en aquella época, no puede ser ignorado en el presente, debe ser tomado en cuenta, como escuela y como ejemplo, pero así mismo, también debe ser actualizado de cara a las actuales dinámicas contextuales. Preguntarse por el presente con conocimiento de lo sucedido en el paso es el reto de estos días.  

¿Cómo el trabajo social está posibilitando escenarios de organización social de cara a las necesidades de las poblaciones marginadas victimas del sistema corrupto colombiano? ¿Cuáles han sido las estrategias innovadoras en los procesos de intervención de lxs profesionales de trabajo social en Colombia que responda a las dinámicas migratorias actuales? ¿Cuáles reflexiones han suscitado los programas de trabajo social sobre las realidades complejas del país? ¿Sobre qué escriben e investigan  lxs académicxs profesionales en trabajo social en la actualidad? ¿Cuáles son los campos de acción profesional con mayor crisis en la actualidad para el trabajo social?¿Qué tipo de relación tienen lxs profesionales en trabajo social con los movimientos sociales de Colombia? ¿Cómo actúan lxs profesionales de trabajo social en la actualidad de cara a la construcción de paz? ¿En relación al conflicto armado qué se ha dicho y/o escrito? ¿Qué están proponiendo las trabajadoras sociales feministas para el devenir político, económico y cultural del país? ¿Qué puede hacer el trabajo social ante la dinámica compleja actual de la educación colombiana?…

Las preguntas pueden ser infinitas, si de la relación entre el quehacer del Trabajo Social y la realidad actual colombiana se trata, lo cual avizora retos de gran magnitud para quienes ejercen esta profesión-disciplina. No basta con solo ser conscientes de las dinámicas complejas o saber que existen, es necesario hacer de la acción profesional una práctica consciente ante dichas realidades, lo cual implica hacer tangible el eje transverzalizador de la praxis en lo social “reflexión-acción-transformación” tan aclamada en el argumento crítico latinoamericano y, en este caso preciso, colombiano.

El Trabajo Social no puede estar ajeno ante las necesidades actuales del pueblo, la acción estratégica ha de ser un pilar importante para responder a la crisis que el sistema de poder actual trata de ocultar, no es posible que una profesión que se enuncia desde la equidad, la justica y la dignidad humana se quede a la margen de las luchas populares, y mucho menos si se reconoce en el discurso y la acción la postura crítica.

Es necesario entonces, incitar a la organización popular, a la innovación en la lucha social y en especial a hacer parte de ella, a participar de la acción organizada desde la constante problematización de la misma, es importante no ir con los ojos vendados pero si con el corazón dispuesto, combativo, resistente y re-existente. La utopía no es una ensoñación cualquiera, no es un anhelo sin rumbo o sin posibilidad, al contrario es el camino de la esperanza, y es de sumo valor recordar que sin esperanza no es posible la lucha social. La praxis del Trabajo Social crítico colombiano no puede ser una praxis muerta y sin acometida política.